EL EPITAFIO DE “EPITAFIOS”
Fecha
de Publicación: 10/26/2004
EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS
POR ÁLVARO CUEVA
EL EPITAFIO DE “EPITAFIOS”
Yo soy uno de esos locos que goza como perro enfermo el fin de semana de Halloween porque prácticamente todos los canales de televisión se esmeran en pasar algo especial.
No sé para usted, pero para mí son noches de no dormir y de acabarme las cabezas de las videocassetteras grabando las más insólitas películas de vampiros, monstruos y luchadores.
La bronca es que este próximo fin de semana va a ser diferente.
¿Por qué? Porque además de los chorromil ciclos de terror y suspenso que va a haber, HBO va a transmitir el capítulo final de la serie argentina “Epitafios” y eso sí lo tenemos que apuntar con letras doradas en la agenda.
Señor, señora, si usted cree en mí, separe desde hoy la noche del próximo sábado para gozar del desenlace de esta joya, uno de los programas más importantes que se hayan hecho en la historia de la televisión de América Latina.
¿Por qué es tan importante? Básicamente porque hasta antes de su estreno ninguna otra casa productora de ningún otro país de esta parte del continente había conseguido generar algo tan bueno como para ser digno de transmitirse en HBO, que es una de las cadenas más prestigiadas y exigentes del mundo.
¿Por qué vale la pena verla? Porque “Epitafios” es maravillosa. Punto. Usted se va a emocionar, se va a asustar y, definitivamente, se va a sorprender.
¿Es necesario haber visto toda la serie para disfrutar del final? No porque los señores de HBO son tan inteligentes que arrancan cada episodio dándonos los elementos necesarios para gozarlo a plenitud.
¿De qué trata “Epitafios”? De las batallas internas y externas de un asesino serial, un policía atormentado, una psicóloga llena de culpas y una policía psicópata.
Resulta que hace años hubo una masacre en una preparatoria de Buenos Aires y que el amante homosexual de uno de los muertos se ha dado a la tarea de ir matando a cada una de las personas involucradas en esa tragedia.
El detalle es que cada muerte va precedida por un acertijo redactado a manera de epitafio y que hay una propuesta tan original atrás de cada asesinato, que uno termina fascinado.
¿En dónde radican las claves de esa fascinación? En que cada muerte está súper bien hecha y, sobretodo, en que es creíble, desde las decapitaciones hasta las explosiones pasando por las autopsias en vida, las golpizas y las torturas.
En el penúltimo capítulo de esta serie, por ejemplo, el villano le hace creer a la policía que murió para poder secuestrar a la psicóloga, atraer a los policías y concluir así con su venganza.
Pero lo hace de una manera tan inteligente y tan sustentada en elementos científicos, forenses, estéticos y policíacos que hasta el más escéptico de los hombres hubiera caído en la trampa.
¡Qué manera de hacer televisión! “Epitafios” funciona en fondo y en forma. No sólo están todas las justificaciones dramáticas de ley, también están todas las propuestas de producción que se requieren para poner a esta serie a la altura de “Los Soprano” y “Queer as folk”.
Desde la técnica de cine de pantalla ancha hasta los efectos especiales pasando por la dirección de arte, el reparto, la edición, la iluminación, la música, el vestuario y las actuaciones.
Los responsables de este proyecto tuvieron tantas ganas de hacer las cosas bien que hasta suprimieron los acentos, los modismos y las conjugaciones verbales típicas de los argentinos para hacerlo competitivo a nivel internacional.
“Epitafios” es un caso muy raro dentro de la televisión latinoamericana porque a diferencia de prácticamente la totalidad de las producciones que se hacen desde México hasta la Patagonia, no se apoya ni en el melodrama ni el cristianismo.
Es cien por ciento televisión policíaca perfectamente entonada y excelentemente bien contada para crear suspensos, reflexiones y hasta erotismo.
Por increíble que parezca, hay un dejo de erotismo bastante peculiar en “Epitafios”.
Y no es porque salgan mujeres con cuerpos esculturales ni porque haya muchas escenas de sexo. No, es por un asunto muy serio de actitud de los personajes ante la proximidad de la muerte. Usted tiene que verlo para entenderlo.
Mención aparte merece el tema de la psicología. Ni en “Alias” habíamos visto una escena tan directa como la de una hija apuntándole con una pistola a su madre, en la cara.
Mucho menos con antecedentes como el de que esa madre provocó el suicidio del padre y como el de que esa hija se ha convertido en una jugadora compulsiva de ruleta rusa.
Muchas personas se preguntan que por qué en México no se pueden hacer series como “Epitafios”.
¿Sabe por qué? Porque para poder hacer una serie policíaca se necesita, más allá de una televisión nacional con ambiciones, tener una policía en qué creer.
Desconozco cómo sea en Argentina, pero para nosotros los mexicanos la policía es tan sucia como el crimen organizado.
Por eso cuando se ha pretendido hacer experimentos como “Ladrón de corazones” o “Demasiado corazón” el resultado ha sido igual o peor que el de cualquier telenovela de segunda.
¿Quién va a tragarse en este país el cuento de que un policía va a tener madera de héroe si esos señores se dedican al secuestro, atacan a quien no deben y dejan escapar a los delincuentes?
Qué bueno que “Epitafios” nos llega de Argentina porque si nos llegara de Cuernavaca o de Ciudad Juárez sería un refrito más de “María la del barrio”.
Trate de ver el desenlace de esta serie el próximo sábado por HBO y si no tiene ese canal, contrátelo o júntese con alguien que lo tenga.
Por tratarse de un producto fuera de lo común, “Epitafios” no se va a vender en DVD durante mucho tiempo ni va a tener retransmisión hasta el próximo año. ¡Vamos a verla!
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