¿QUÉ QUEREMOS?
Fecha
de Publicación: 9/20/2007
EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS
POR ÁLVARO CUEVA
¿QUÉ QUEREMOS?
La televisión está diciendo que nos hemos convertido en las criaturas más contradictorias del planeta, que estamos obsesionados con volver al pasado y que hoy, más que nunca, nos dan miedo los cambios.
Siempre hay excepciones, individuos coherentes, inteligentes y progresistas, pero a nivel macro, parece que estamos perdidos.
¿En qué me baso para decirle esto? En lo que está pasando con las telenovelas estelares que se transmiten en nuestro país.
Muchas personas están baboseando con que si los “ratings” alcanzados el domingo por “Destilando amor” fueron mayores o menores que los de “La fea más bella”.
Eso es lo de menos. Lo que sucedió esa noche con el mega-éxito del desenlace de “Destilando amor” fue verdaderamente fuerte, sintomático.
Son cifras extraoficiales que dicen algo así como que más de 6 de cada 10 televisores que estuvieron encendidos la noche del 16 de septiembre a la hora de “Destilando amor”, estuvieron siguiendo esa producción de Nicandro Díaz.
No son número que se den en cualquier otra parte del mundo, menos en un país de más de 100 millones de habitantes como éste y mucho menos con un producto tan convencional como ése.
Porque, seamos sinceros, independientemente de sus cualidades como melodramas seriado, en su final no pasó nada que no hubiéramos visto antes.
¿Pues no que los mexicanos estamos hartos de ver siempre lo mismo? ¿Pues no que en este país estamos cansados de que la televisora que manda sea la misma de siempre?
El colmo, la ciudades mexicanas que se supone que son ejemplo mundial de progreso, apertura ideológica y debate democrático como Monterrey y el Distrito Federal, fueron las que más se entregaron a esta especie de película de Pedro Infante vuelta a hacer en el siglo XXI.
¿Entonces en dónde esta ese progreso? ¿A dónde se fue esa apertura? ¿Qué pasó con ese debate democrático y con ese cuento de “yo no voté por Televisa”?
Sí es como para ponerse a pensar un largo rato porque los números no mienten y porque esto va exactamente de la mano con lo que está sucediendo con las telenovelas estelares que se estrenaron o que están al aire desde el lunes 17.
Los mexicanos decimos: ya no queremos importaciones, refritos ni las mismas caras, queremos historias realistas, maduras, diferentes y que se le dé oportunidad a gente nueva.
Carla Estrada está respondiendo con “Pasión” y la opinión pública, en lugar de decir gracias, se la pasa comentando que si qué historia tan ruda, que si qué pelos tan largos y que si Susana González está muy verde.
Si “Pasión” fuera fuerte, en el capítulo uno, el personaje de Juan Ferrara, en lugar desvestir poco a poco al de Susana, le hubiera arrancado la ropa a golpes, como se estilaba en aquel entonces, y le hubiera hecho cosas intransmitibles en televisión abierta.
Los pelos de los personajes de “Pasión” son largos porque en aquellos tiempos las tijeras Barrilito no eran tan comunes como son ahora.
Además, las pelucas que se están usando en este proyecto y las técnicas a través de las cuales son colocadas son exactamente las mismas que los señores de Disney utilizaron para la película “Los piratas del Caribe”.
Qué mala onda que nuestros “especialistas” ataquen a los nuestros por hacer lo que le aplauden a otros.
Por otra parte, los más recientes capítulos de “Mientras haya vida” han estado maravillosos, con escena fuertísimas de bodas y accidentes, pero a sus responsables les está sucediendo lo mismo que a los de “Pasión”.
Le dicen: ¡Uy! Qué historia tan rara, qué gente tan complicada, que telenovela tan poco popular. ¿Pues no era eso lo que se supone que el público estaba pidiendo? ¿Entonces?
Ah, pero no fuera “Sin tetas no hay paraíso” donde le hacen acercamientos a los pechos desnudos de la heroína y donde está no sólo se prostituye sino que hasta se casa con un narcotraficante porque entonces sí los comentarios serían alentadores.
¿A dónde quiero llegar? No a defender o a atacar “Destilando amor”, “Pasión”, “Mientras haya vida” y “Sin tetas no hay paraíso” (cada una tiene sus virtudes y defectos) sino a una reflexión más profunda:
¿Qué queremos? ¿Queremos lo que decimos que queremos? ¿Qué nos está tratando de decir la televisión con estos fenómenos de aceptación y rechazo? ¿Qué?
Ver
artículos anteriores