CORAZÓN… ¿SALVAJE?

Fecha de Publicación: 10/21/2009

 

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS

POR ÁLVARO CUEVA

CORAZÓN… ¿SALVAJE?

El problema de “Corazón salvaje”, la nueva telenovela estelar de Televisa, no es de audiencias, es político.
Vámonos por partes para que nos podamos entender. “Corazón salvaje” es, para las telenovelas, lo que “Hamlet” para la literatura dramática. Una obra maestra, un clásico, una joya.
Era, por muchas razones, la historia favorita de Caridad Bravo Adams, su autora.
Se ha hecho en radio, en libros, en cine, en fotonovelas y, por supuesto, en telenovelas, y no nada más en México, también en otras partes de América Latina.
En la televisión nacional se ha grabado cuatro veces. Primero con Julissa y Enrique Lizalde, luego con Angélica María y Martín Cortés, posteriormente con Edith González y Eduardo Palomo, y ahora con Aracely Arámbula y Eduardo Yáñez.
Siempre que se ha hecho, ha sido un cañonazo. Siempre.
Pero la versión de Edith Gonzalez y Eduardo Palomo conmocionó particularmente a los mercados internacionales a un nivel igual o superior que los más grandes éxitos de la televisión mexicana como “Los ricos también lloran”.
Sus admiradores, hasta el día de hoy, la idolatran porque encontraron en ella una fabulosa combinación de historia, actuaciones, arte, amor, erotismo y naturaleza.
¿De qué trata? No, no trata de un pirata llamado Juan del Diablo, trata de una monja llamada Mónica, de una santa, que es tentada por la lujuria, por el peor de los hombres. Y sólo el amor los salva.
Es, para acabar pronto, “La bella y la bestia”. La protagonista es Bella (Mónica). El espectáculo (el heroísmo) lo pone la bestia (Juan del Diablo).
Sin Mónica, en “Corazón salvaje” no hay Bella. Sin Bella, la bestia (Juan del Diablo) es sólo eso, una bestia, un hombre malo, un villano.
Adivine qué es lo que le falta a esta adaptación de “Corazón salvaje”. Pues Mónica. ¡La protagonista!
Dicho en otras palabras, los responsables del nuevo “Corazón salvaje” ni siquiera supieron entender su esencia y, para acabarla de amolar, la pegaron con un rollo de gemelas como de película de Bette Davis y con “Yo compro esa mujer” que es, nada más y nada menos, “El conde de Montecristo”.
¿Resultado? Aquello no es ni “Corazón salvaje”, ni una película de Bette Davis, ni “Yo compro esa mujer”, ni “La bella y la bestia” ni “El conde de Montecristo”.
Es como la Biblioteca José Vasconcelos: una parodia, un elefante blanco hecho a la carrera para que digan que se hizo algo pero que en realidad no sirve para nada.
Por eso le digo que el problema de “Corazón salvaje 2009” es político. Esto no es ni siquiera un refrito, es una imposición, una salida fácil, un capricho, una necedad.
Como los nuevos impuestos, como muchas de las decisiones que están tomando nuestras autoridades.
Ver esta mutación dramática es repetir, en televisión, los abusos que usted y yo padecemos en nuestra vida cotidiana.
Por tanto, es desagradable, y uno siente, al igual que con el gobierno, que lo que se está haciendo se está haciendo mal y que quienes lo están haciendo son gente que no tiene ni la menor idea de su trabajo.
A esto, súmele las implicaciones de “Corazón salvaje 2009” hacia el interior de Televisa.
“Corazón salvaje” no es una historia que coincida con el estilo de su actual productor Salvador Mejía (“La madrastra”).
El señor Mejía viene de la escuela de Valentín Pimstein (“Rosa salvaje”). Pimstein, aunque llegó a trabajar con Caridad Bravo Adams, no se entendía con ella. ¡Imagínese sus herederos!
Cuando Salvador Mejía hizo “Abrázame muy fuerte” de Caridad Bravo Adams, por ejemplo, la fusión historia-producción no se dio y sus adaptadores tuvieron que hacer milagros para que aquello no se derrumbara. Acuérdese.
En resumen, “Corazón salvaje” no era para el señor Mejía. ¿Por qué, entonces, no se la ofrecieron a otro productor? ¡Por qué!
Esto sí es un gran tema porque arrastra a Televisa en muchos sentidos.
¿Con qué cara estos señores nos dicen que no hay dinero para hacer telenovelas históricas, justo ahora que México clama por una con los temas de los centenarios, y nos salen con “Corazón salvaje” que, al igual que cualquier telenovela histórica, es una producción de época?
¿A usted no se le hace tremendo? A mí, sí. ¡Y todo por qué! ¡Por la necedad de hacer “Corazón salvaje”!
Pero el peor de los problemas políticos de este proyecto no es éste sino el que tiene que ver con la parte patrimonial del consorcio de Emilio Azcárraga.
Las historias son para las televisoras, lo que el petróleo para las naciones. Son su mayor pertenencia, lo que más se les aprecia en términos empresariales.
Hacer “Corazón salvaje” como se está haciendo ahora equivale a haber incendiado un pozo petrolero, al aniquilamiento de una de las partes más sagradas del poco patrimonio que le quedaba a Televisa por explotar. Es algo muy grave. ¿A poco no?

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