DIEZ AÑOS DE TELENOVELAS

Fecha de Publicación: 1/5/2010

 

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS

POR ÁLVARO CUEVA

DIEZ AÑOS DE TELENOVELAS

Prácticamente ya terminó la primera década de este siglo y es muy interesante lo que sucedió con las telenovelas mexicanas. Apunte.
Con la transición política del año 2000, nuestras telenovelas tuvieron la oportunidad histórica de evolucionar, de tocar temas prohibidos, de criticar vicios colectivos, de utilizar otros tipos sociales.
Finalmente el melodrama, como género literario, es crítico, didáctico y desde los tiempos de la Revolución Francesa se ha caracterizado por meterse con asuntos escabrosos.
Y sí, nuestras telenovelas evolucionaron, pero no en el plano editorial, evolucionaron como negocio y en poco tiempo dejaron de ser un espectáculo de historias para convertirse en un espectáculo de ventas.
Los golpes dramáticos fueron sustituidos por cortinillas que anunciaban lo mismo alimentos y bebidas que toallas femeninas y tratamientos para combatir las hemorroides.
En resumen, del 2000 a la fecha, usted y yo hicimos un viaje telenovelero de las tradicionales estrategias de comercialización como los “spots” y los patrocinios a la participación económica de gobiernos estatales, las menciones comerciales a media escena y el “product placement”.
No, pero espérese. Esto no termina aquí. Las telenovelas de los años 2000 nos trajeron, además, promociones de a costo por llamada con los actores de los títulos que estábamos mirando, campañas de responsabilidad social y negocios disfrazados de causas ciudadanas como el cuidado del medio ambiente y el combate a la obesidad.
Ojalá que así como evolucionaron las estrategias de comercialización hubieran evolucionado las historias, los repartos y las técnicas de producción.
Pero no, en un afán de reducción de costos, para obtener mayores utilidades, nuestras casas productoras dejaron de invertir y de arriesgar en nuevos argumentos, en nuevas estrellas y en nuevos mecanismos de producción.
¿Qué hicieron? Le dieron más vueltas a sus archivos de historias, compraron formatos más baratos y/o “probados” en el extranjero, explotaron al límite a sus repartos y le fueron pidiendo más, con menos, a sus productores.
Esto se tradujo en conformismo literario, en una epidemia de protagonistas viejísimos haciendo personajes juveniles y en la imposibilidad de producir con tiempo y dinero para cuidar cada detalle.
Los que más padecieron este abaratamiento de la industria fueron los clásicos del género como “El derecho de nacer”, “Señora” y “Corazón salvaje” que, en sus más recientes versiones, se hicieron en condiciones mucho muy inferiores a las de sus últimas adaptaciones.
Ver telenovelas en la década de los años cero fue una experiencia muy frustrante porque la realidad superó a la fantasía en espectacularidad, morbo y violencia con romances como el de Vicente Fox y Martha Sahagún, con intrigas como las que rodearon a Andrés Manuel López Obrador y con imágenes como las de la golpiza que le dieron a Fabián Lavalle.
Y nuestros melodramas seriados, en lugar de superar estas historias como les correspondía, se fueron hacia atrás, se volvieron más tontas, o más truculentas o más ingenuas, pero nunca más audaces, cuestionadoras o conflictivas.
¿Por qué? Porque esto hubiera sido un atentado contra los anunciantes de nuestra nación.
Hay que recordar que ellos fueron la prioridad de esta década, que fueron un grupo donde siempre se manejaron los mismos nombres y que casi siempre estuvo formado por marcas conservadoras, gobiernos, cultos y secretarías de estado.
Por si esto no hubiera sido suficiente, como para atender aún más a estos señores, las telenovelas de los años 2000 fueron hipercondimentadas con “causas”, “valores” y sucursales anexas en una sorprendente explosión de estímulos que, sumados, impidieron que uno disfrutara de lo que estaba viendo.
A pesar de esto, la década que termina tuvo grandes éxitos como “La fea más bella”, “Amor real”, “Fuego en la sangre”, “Destilando amor”, “Amor en custodia”, “Cuando seas mía”, “Rebelde”, “Los Sánchez”, “La madrastra” y “La hija del jardinero”.
En los últimos dos lustros el público mexicano le siguió siendo fiel a su género favorito y a medida que las cosas se fueron poniendo difíciles en la realidad, como antes, durante y después de las elecciones de 2006; pues más.
Salvo fracasos increíbles como “La intrusa”, “Atrévete a olvidarme”, “Amor sin maquillaje”, “Tengo todo excepto a ti” y “Mujer bonita”, las telenovelas siguieron siendo la tabla de salvación emocional del pueblo de México.
Y generaron experiencias muy buenas como las de “El manantial”, “Amar otra vez”, “Piel de otoño” y “Mi pecado” que si bien no se comparan en potencia a fenómenos maravillosos que nos llegaron del extranjero como “Sin tetas no hay paraíso” y “El clon”, nos hicieron conservar la esperanza en este género tan castigado en los últimos diez años. ¿A poco no?

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