QUE MUERAN LOS HOMOSEXUALES

Fecha de Publicación: 6/26/2010

 

OJO POR OJO

POR ÁLVARO CUEVA

QUE MUERAN LOS HOMOSEXUALES

Es humillante que el Partido Acción Nacional le esté preguntando a la ciudadanía si está de acuerdo con los matrimonios homosexuales y con la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo.
Es tratar a las mujeres que aman a las mujeres y a los hombres que aman a los hombres como humanos de segunda cuyo destino está en las manos de terceras personas.
Es como preguntar si los indios tienen alma, si los negros merecen entrar a las mismas iglesias que los blancos. Es un retroceso histórico brutal.
¿Cómo es posible que exista alguien, ya no se diga una iglesia o un partido político, que se atreva a juzgar un acto de amor?
Porque cuando dos personas deciden casarse, no lo hacen para jugar a la casita, lo hacen porque se aman, porque están dispuestos a establecer un compromiso. Es hermoso.
Igual, cuando dos personas deciden ser algo más que una pareja y formar una familia, no lo hacen ni por capricho, lo hacen por el más puro amor.
¿Por qué juzgamos los actos de amor y no los actos de odio? ¿Por qué cuestionamos si dos personas van tomadas de la mano por la calle y no si se van golpeando e insultando?
Alrededor de esta encuesta hay muchas cosas que están mal. Usted nada más póngase a pensar en lo que es negarle el derecho a adoptar a una pareja que no se puede reproducir.
Es monstruoso, es matarles un sueño, impedir la continuidad de su apellido, es un asesinato. Es como decirles: después de ti no va a quedar nada. ¡Qué bueno porque tu sangre es mala! ¡Porque no queremos más gente como tú! ¡Muérete!
Y una pareja es una pareja, como el señor y la señora que no pueden tener hijos porque alguno de los dos es estéril, como las lesbianas que necesitan un espermatozoide o como los homosexuales que necesitan un óvulo.
Imagínese, por ejemplo, que usted fuera zurdo y que le dijeran que sí le dan permiso de casarse, pero que lo van a tener que esterilizar porque los zurdos no deben tener familia.
Hace unos cuantos siglos, los zurdos eran perseguidos, la Santa Inquisición los quemaba. Eran inmorales.
Y no nos vayamos tan lejos, yo soy zurdo y cuando era niño, a los zurdos se les amarraba la mano para obligarlos a escribir con la mano derecha.
¿A usted no se le hace esto un atentado contra la más básica dignidad humana? A mí, sí. No estoy de acuerdo.
¿Pero sabe qué es lo más molesto de esta historia? El odio con el que tantas instancias se están uniendo para acabar de dividir a nuestra sociedad y la manera tan descarada como estos señores subestiman a los homosexuales y a las lesbianas.
Yo creo que consideran que son estúpidos o algo así porque cuando dos personas se aman, sean heterosexuales, homosexuales, bisexuales o transexuales, no necesitan permiso ni para unirse ni para reproducirse.
Ahí están la inseminación artificial, los amigos que donan su semen, las amigas que prestan su útero, los vientres de alquiler, las adopciones de niños extranjeros y muchos recursos más.
Sí, yo sé que son alternativas que no suenan muy legales, pero a eso es a lo que están orillando estas religiones y estos partidos a este sector de la sociedad que no va a esperar 300 años a que les permitan llevan una vida “normal”.
Además, no todos quieren tener hijos. ¿A alguien se le ha ocurrido pensar en esto?
A mí lo que me parte el alma no son ni los homosexuales ni las lesbianas, ellos están por encima de esta guerra de partidos e instituciones, sino los pobres niños mexicanos que están ansiosos de ser adoptados, que tienen derecho a recibir amor y que van a seguir pudiéndose en diferentes albergues.
Todo el mundo dice que piensa en ellos pero nadie hace nada para facilitarles su llegada a un hogar. Todo el mundo se preocupa por su desarrollo moral, pero nadie mueve un solo dedo por ayudarlos con algo más que una rosca de reyes una vez al año.
Es humillante, insisto, que el PAN le esté preguntando a la ciudadanía si está de acuerdo con los matrimonios homosexuales y con la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo.
Es humillante teniendo tantas cosas mucho más importantes que resolver, y cuando cada vez son más las personas que, cansadas del calvario que significa adoptar en México, violan la ley para tener un hijo o se van al extranjero a resolverle la vida a niños de otras nacionalidades. ¿A poco no?

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