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NOS SALIÓ PERVERSO EL CURA

OJO POR OJO POR ÁLVARO CUEVA NOS SALIÓ PERVERSO EL CURA Violaciones, pedofilia, encubrimiento. Definitivamente la Iglesia Católica está pasando por uno de los peores momentos de su historia. ¿Qué va a hacer para salir de este problema? ¿Cómo le va a hacer para continuar ejerciendo sin venirse abajo? No basta con dos o tres declaraciones, con reconocer errores, con pagar indemnizaciones, con pedir perdón ni con mandar a la cárcel a los responsables de los delitos que no paran de salir a la luz pública. La Iglesia Católica, le guste a quien le guste o le moleste a quien le moleste, es algo más que un simple credo. Gran parte de la mega-estructura del mundo entero depende de ella. Punto. Aquí va a pasar algo y nos tenemos que preparar porque ya no estamos en los tiempos en los que la sociedad obedecía en masa, porque ahora hay muchas iglesias disputándose a los fieles y porque, finalmente, aquí hay un elemento no podemos pasar por alto: Dios. Se tienen que resolver los escándalos de los Legionarios de Cristo, de los sacerdotes pederastas, de los curas violadores, de los religiosos que guardaron silencio y de todos aquellos que han infringido la ley. Eso no se discute y se tiene que resolver de inmediato. Que si es muy penoso. Pues sí, es muy penoso. Que si representa una contradicción porque la Iglesia Católica promueve cierto tipo de valores. Pues sí, es contradictorio, pero se tiene que resolver. El miércoles pasado tuve el privilegio de charlar con gente muy inteligente sobre esto y hubo algo que me dejó en shock: la relación de la Iglesia Católica con los medios de comunicación. A lo mejor usted no lo sabe o no ha tenido tiempo de pensarlo, pero la iglesia que comanda Benedicto XVI es la institución más vulnerables del planeta a la hora de tratar con la televisión, la radio, la prensa escrita y la internet. Los sacerdotes católicos, a diferencia de los pastores de otros credos, no reciben capacitación que los ayude a pararse frente a un micrófono o a participar en un debate nacional, mucho menos para editar un periódico o producir un programa que pueda tener buen rating en cadena nacional. La Iglesia Católica se quedó en la era en que el púlpito era el medio y son contadísimos los casos de sacerdotes que siquiera saben desarrollar una idea en los tiempos de la comunicación actual. Si se fija, ellos no tienen enormes departamentos de comunicación corporativa que asesoren a sus líderes sobre qué decir y qué no decir cuando ven que llega una cámara a la catedral ni publirrelacionistas que cabildeen sus inquietudes para que se digan o se dejen de decir ciertas cosas. Están perdidos y esto, ante la crisis que están viviendo, los pone en una situación particularmente lamentable porque hasta el más insignificante de los pastores del credo más perdido del tercer mundo, canta, baila, tiene un programa de televisión, un canal en el cable, domina las técnicas de persuasión y le saca dinero a sus feligreses. Los sacerdotes católicos mexicanos no son buenos ni para explicar lo que es el Viernes Santo en una entrevista de radio. Imagíneselos contestando sobre Marcial Maciel, Las Consagradas y la pederastia. Por eso luego son la burla de los medios, porque no saben ni hablar. Por eso siempre vemos al mismo padre casando estrellas en Televisa y dándole clases a los alumnos de “La academia” en TV Azteca. Porque casi no hay curas expertos en comunicación. Por eso, de un tiempo a la fecha, para lo único que sirven los sacerdotes católicos en los medios tradicionales es para contrapuntear cualquier cosa escabrosa. La prensa lo sabe: si se necesita una opinión débil, retrógrada o ridícula sobre el aborto, los matrimonios entre personas del mismo sexo, las células madre, la adopción, la planificación familiar, las madres solteras, los impuestos, las elecciones o lo que sea, ¿a quién hay que entrevistar? ¡A un sacerdote católico! Esto que le estoy diciendo es una vergüenza porque si bien es cierto que la Iglesia Católica no es perfecta (como no lo es ninguna), hay muchas cosas valiosas atrás de ella que jamás se dicen porque nadie abre la boca para mencionarlas. La Iglesia Católica está pasando por uno de los peores momentos de su historia. Viene un cambio. Fuerte. Ojalá que incluya una nueva relación entre sus miembros y los medios de comunicación. Ojalá.

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