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FLORENCE, GABINO Y “JUAYDERITO”

OJO POR OJO POR ÁLVARO CUEVA FLORENCE, GABINO Y “JUAYDERITO” ¡Ah, cómo he aprendido en los últimos días! Florence Cassez, Oaxaca, MVS, “juayderito”. Todo tiene que ver con lo mismo: comunicación. Hay una tendencia muy marcada entre los consumidores de información, en este momento, a exagerar situaciones mediáticas que, en otros tiempos, hubieran sido intrascendentes. Y esto incluye lo mismo a los radioescuchas de Monterrey que a los twitteros de Guadalajara, los televidentes ingleses y los lectores de Estados Unidos. Suena imperdonable que en un país en guerra como el nuestro, donde a diario aparecen decenas de ejecutados, se cometen cientos de arbitrariedades y abundan grandes historias de carácter político, social y empresarial, la gente prefiera hablar del error técnico de un noticiero. Pero así es y si uno recorre los grandes temas en otras partes del mundo, pasa lo mismo. Tenemos la información, pero ya no queremos usarla como se usaba antes. Preferimos quedarnos con lo más simple, con lo que sí podemos manejar y divertirnos. ¿A quién le interesa hacer escándalo, por ejemplo, con la narcoviolencia? Eso nos rebasa, nos duele, no es chistoso. Mejor agarremos a un personaje como Joaquín López-Dóriga y exprimámoslo hasta las últimas consecuencias. Lo mismo le pasó a Carlos Loret de Mola, lo mismo le pasó a Laura Bozzo, a Niurka y a Rocío Sánchez Azuara. Lo mismo le ha pasado a un montón de entidades mediáticas desde que comenzó el año y esto tiene que significar algo. No sé usted, pero yo no doy crédito a las manifestaciones de odio que estas anécdotas han generado en nuestro país. En el caso de “juayderito” llegó un momento en que ya no se trataba de reírse con el dato, era algo más rudo, íntimo, era algo personal en contra de Joaquín López-Dóriga. No sé usted, pero yo vi a mucha gente gozar, realmente disfrutar, despedazando al conductor del noticiario más importante de la televisión abierta de nuestro país. Era como si se tratara de una venganza, como si se estuviera derrocando a un dictador, como si se estuviera condenando a un asesino. Fíjese, por favor, dónde están nuestros placeres, dónde están nuestros rencores. Honestamente, ¿usted no cree que deberíamos odiar más a otras personalidades? ¿Usted no cree que nos deberíamos interesar más por otras cuestiones? Hoy, que tenemos acceso a más información que nunca, estamos más baratos, nos emocionamos con imágenes más simples, hacemos de las cosas más absurdas verdaderos fenómenos internacionales. Si no me cree, nomás haga una lista de todo lo que ha pasado alrededor de Florence Cassez. Perdimos una oportunidad de oro para demostrarle a Europa que somos algo más que sangre y violencia, nos dejamos llevar por el arrebato de un líder que está más preocupado por el espectáculo que por cualquier otra cosa. A todos, incluso a los ciudadanos franceses, les queda claro quién es Florence Cassez y qué hizo, pero el juego de moda es la dignidad. Se supone que México le faltó al respeto a Francia como Inglaterra le faltó al respeto a México con las cosas que se dijeron en “Top gear”, como todo el mundo le ha faltado al respeto a todo el mundo en las últimas semanas. ¿Y qué queremos? Que nos ofrezcan disculpas. Y si no, nos enojamos, bloqueamos, nos vamos muy dignos. Estamos muy necesitados de que nos pidan perdón. Por eso el tema Cassez se va a tardar mucho en resolver. Por eso se me hace muy inteligente lo que hizo Gabinó Cué. Tuvo unos disturbios espantosos en Oaxaca. Las imágenes eran como de Egipto, era obvio que unos señores atacaron con lujo de violencia a la policía de aquel estado. ¿Y cómo lo manejó? Pidiendo perdón. ¡Pidiendo perdón aunque su policía hubiera sido la más afectada! ¿No fue la reacción más sabia de las últimas semanas? Con tres palabras, en lugar de hundir aquello, este gobernador lo resolvió a nivel comunicación. Todavía falta lo demás, pero al menos ya no hay escándalo, usted y yo seguimos viendo a Oaxaca con cariño, queremos ir. Algo más o menos parecido fue lo que hicieron López-Dóriga y MVS con sus respectivos conflictos. Cuando el nivel de los consumidores de información está tan afectado por tantos factores, hay que tragarse el orgullo y resolver en igualdad de circunstancias. Hay que responder con humildad. Por eso le digo: ¡ah, cómo he aprendido en los últimos días! ¿Usted no?

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