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¿HASTA LA MADRE?

OJO POR OJO POR ÁLVARO CUEVA ¿HASTA LA MADRE? Para mí, el caso del hijo de Javier Sicilia no es uno más. Y no, no es porque él sea una figura pública ni porque las marchas que se organizaron en diferentes ciudades, en días pasados, hayan tenido algo que no hubieran tenido las marchas en las que miles de personas hemos participado desde los años 90. Para mí, ésta es la gota que derramó el vaso. Estamos hasta la madre de la guerra contra el crimen organizado, de Felipe Calderón, de su gabinete, del ejército, de los diputados, de los senadores, de los partidos, de los sindicatos y de todo lo que tenga que ver con política. Y no lo digo yo, está expresado en enemil documentos, entrevistas de radio y televisión, y en las redes sociales. Y lo dicen lo mismo los más grandes intelectuales de nuestra nación que los más desconocidos twitteros. Es un fenómeno de odio tan grande que en muchos lados ha comenzado algo así como un movimiento de aclaración política. Usted seguramente lo ha leído, lo ha visto o lo ha escuchado. Algunos líderes de opinión están insistiendo en que los responsables de esta avalancha de violencia no son ni Felipe Calderón, ni el ejército ni los políticos, sino los delincuentes. Suena interesantísimo pero para lo único que todo esto está sirviendo es para enturbiar todavía más el ambiente. ¿Por qué? Porque la guerra contra el crimen organizado no es la única que se está viviendo en este país. Hay muchas guerras coexistiendo en este momento a nivel político, empresarial y social, y cualquier cosa que se diga inmediatamente genera reacciones en contra. ¿Hay manera de defender a Felipe Calderón, de cualquier cosa, cuando tiene tantos enemigos? ¿Existe alguna forma de defender al ejército cuando ha cometido tantos errores? ¿Usted conoce a alguien que quiera creer en la inocencia de nuestra clase política cuando nos hemos enterado de barbaridad y media? ¿A usted le gustaría echarle porras a un gobierno que lo tiene hundido en la pobreza, el desempleo, la ignorancia y la enfermedad? Es lógico que millones de personas culpen a los políticos de lo que está pasando. La sensación es: ellos no sirven, no pueden, si no le hubieran declarado la guerra al crimen organizado, jamás hubiera muerto tanta gente. ¿Y por qué existe esta sensación? Porque ellos mismos la han provocado con su protagonismo, con su no saber hacer la cosas y con sus pésimas estrategias de comunicación. Es más fácil que una persona esté hasta la madre del presidente, de un alcalde o de un gobernador, que de un asaltante, de un secuestrador o de un narcotraficante. Estoy totalmente de acuerdo en que hay que establecer quiénes son los buenos y quiénes, los malos, en esta historia, ¿pero sabe qué? No va a pasar nada. Pueden matar a más muchachos, podemos salir a marchar otras 45 veces y podemos debatir hasta el cansancio qué tan buenos son los buenos y qué tan malos son los malos de esta guerra, pero va a ser inútil. Aquí nadie está viendo más allá de sus intereses y eso nos incluye a usted y a mí. Decimos que estamos hasta la madre de los políticos y de los delincuentes, ¿pero por qué no decimos que estamos hasta la madre de comprar mota, de consumir tachas y de ver como algo natural el paso de la droga en nuestros espacios públicos? Es muy cómodo echarle la culpa a otros de todo lo que pasa en este país, ¿pero cuándo vamos a asumir que nosotros somos la parte más importante en esta guerra? Si nosotros no consumiéramos, la compra y venta de drogas no sería tan buen negocio. Si nosotros no permitiéramos que circulara, no habría tantos muertos. Al hijo de Javier Sicilia no la mataron ni el presidente ni los narcotraficantes, lo matamos nosotros con nuestra hipocresía. Yo quisiera saber cuántos de los honorables mexicanos que salieron a marchar el miércoles pasado no han comprado mugres, no se han metido cochinadas o no le han hecho el caldo gordo a la delincuencia organizada en cualquiera de sus facetas. ¡Y nos quejamos de los gringos! Nosotros estamos peor porque ni siquiera nos atrevemos a reconocerlo. Para mí, el caso del hijo de Javier Sicilia no es uno más, es la gota que derramó el vaso. Aunque se vaya el presidente, aunque capturen a quien capturen, aunque se diga lo que se diga, si nosotros no hacemos nuestra parte, esto no se va a acabar. ¿O usted qué opina?

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