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CALDERÓN Y LA MARCHA

OJO POR OJO POR ÁLVARO CUEVA CALDERÓN Y LA MARCHA Todos tenemos años, muchos años, marchando por la paz en distintos puntos de este país. Igual, llevamos un buen rato uniéndonos a la desesperación de un montón de padres y madres de familia de diferentes estratos sociales que han perdido a algún hijo. Y hemos salido a las calles, y hemos escrito pancartas, y hemos gritado, y hemos llevado veladoras. Pedir justicia se ha convertido en una patética tradición para los mexicanos. ¿Qué tiene de diferente la marcha encabezada por Javier Sicilia? ¿Por qué es tan importante? ¿En verdad hay alguien que piense que a partir de esa manifestación algo va a cambiar? ¿Cómo? ¿El presidente va a pedir perdón y va a renunciar a su guerra? ¿El crimen organizado va a sentir mucha culpa y va a dejar de vender y matar? ¿La gente común y corriente va a dejar de hacerle el caldo gordo al narco, al robo, al secuestro y a la piratería? ¿En serio esto se va a poner muy bonito? Mire, yo creo que esta marcha es más importante que las anteriores pero no porque represente un “estamos hasta la madre”, porque vaya a unir a la totalidad del pueblo de México o porque vaya a ser la última. Es importante porque, por primera vez en la historia de las manifestaciones, el presidente se metió. Le voy a explicar: antes, la gente se amontonaba y lo peor que pasaba era que alguna figura política se aventaba una o dos declaraciones de ésas que calientan a la prensa como cuando Andrés Manuel López Obrador interpretó una de estas cruzadas como un complot en su contra. Ahora no, en esta ocasión el mismísimo Felipe Calderón se puso de pechito ante la opinión pública lanzando un mensaje, en cadena nacional, que no se podía interpretar como otra cosa más que como una respuesta a Javier Sicilia y su marcha. De seguro usted también lo vio, fue un discurso francamente penoso en donde el presidente, de corbata negra, dio una especie de explicación no pedida sobre sus acciones asumiendo que la manifestación era en su contra. ¡Qué grandísimo error! Yo no sé quién le aconsejó a don Felipe que abriera la boca pero definitivamente se trata de alguien sin memoria, sin tacto y sin visión. A diferencia del discurso de Barack Obama en relación a la muerte de Osama Bin Laden, el de nuestro presidente lo hizo retroceder en materia de percepción. ¿Por qué? Porque mientras que Obama, con todo y que no presentó imágenes de Bin Laden, quedó como un héroe. Felipe Calderón, no. Él solito se colocó como el enemigo de la marcha, como el enemigo del pueblo. ¡Tremendo! Nunca antes un presidente de México se había metido en estos líos. Jamás nuestro poder legislativo le había contestado a una marcha. ¿Qué significa esto? Que la manifestación de Javier Sicilia es importante, que todas las personas que salieron a las calles tienen razón. Felipe Calderón, tal vez sin proponérselo, convirtió la cruzada de ese gran poeta en algo infinitamente superior a cualquier otra marcha, la legitimó, le dio permiso de convertirse en movimiento social. A partir de esa noche la guerra ya no es sólo contra el crimen organizado, la guerra ahora también es en contra una muy buena parte del pueblo de México. ¿Cómo le va a hacer el presidente para salir bien librado de ésta? ¿Cómo va a recuperar el cariño y el respeto de la gente? Esto no es asunto que se solucione capturando a algún capo del narcotráfico y exhibiéndolo en la tele. Éste no es un problema que se arregle construyendo obras o realizando promesas. ¡Es una bronca! Por un lado hay una guerra, la guerra del presidente contra el crimen organizado. Pero, por el otro, ahora hay otra, la guerra de Felipe Calderón contra la gente que está harta de verlo pelear. Don Felipe acaba de quedar como un intolerante, como el típico gobernante latinoamericano que al sentir pasos en la azotea utiliza los medios de comunicación para tratar de manipular a su pueblo. Y si a esto le sumamos el mensaje que dio el 5 de mayo, los tiempos electorales y el rencor de sus enemigos políticos, aquí ahora sí podría pasar algo. ¿Qué? Lo que no pasó en la enorme cantidad de marchas que usted y yo hemos presenciado desde hace años, lo que podría marcar una diferencia entre el liderazgo de Javier Sicilia y el de muchos otros padres de familia a los que nos hemos unido en su desgracia. ¿O usted qué opina?

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