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LAS PUNTADAS DE DON FELIPE

OJO POR OJO POR ÁLVARO CUEVA LAS PUNTADAS DE DON FELIPE ¡Ah, qué chistocito nos salió Felipe Calderón! Que si los “shots”, que si Churchill, que si el calentamiento global. A ver si le dan chamba los Mascabrothers cuando acabe su sexenio porque como político, su carrera terminó. Me lo imagino en el Tenorio Cómico, en el show de Adrián Uribe, compartiendo el escenario con La Chupitos. Me lo imagino haciendo todo menos lo que se supone que hacen los grandes gobernantes cuando acaban sus mandatos. Sí, cualquier presidente está en su derecho de aventarse un chistorete en público de vez en cuando pero cuando el susodicho se la pasa de chiste en chiste, entonces sí la cosa cambia. ¿Por qué? Porque significa que no se está tomando en serio su trabajo, que perdió piso, que definitivamente no le importan ni el respaldo, ni el cariño ni el respeto de la sociedad. Es un tema bastante delicado de abuso de autoridad, de agresividad, de cinismo. El señor se está burlando de nosotros, ¡caray!, y casi nadie dice nada. Además, por más que busco en los libros de historia, no encuentro ninguna referencia que me diga que los más importantes mandatarios del planeta, cuando estaban en guerra, aprovechaban la ocasión para contarle chistes a su pueblo. La guerra y la comedia no son compatibles. México está en guerra y por más que Felipe Calderón vaya al extranjero y pretenda vender nuestras playas como destino turístico, tiene una investidura que debe respetar. No le puedes hablar al auditorio internacional de una manera y al nacional, de otra. Es incongruente, es un insulto, es algo que se tiene que discutir. ¿Por qué Felipe Calderón, antes, no se aventaba estas puntadas? ¿Porque le interesaba devolverle su nivel a la figura del Presidente de la República? ¿Porque le importaba lo que fueran a pensar de él? ¿Qué sucede ahora? ¿Ya no le interesa el tema de la figura presidencial? ¿Le vale lo que diga la gente? ¡Cómo que le vale! Él trabaja para el pueblo, ¿no? Lo que acaba de suceder en la Cumbre Mundial de Viajes y Turismo de Las Vegas es más grave de lo que parece porque es la cereza de un inmenso pastel de frases de color que minan la confianza que usted o yo pudiéramos sentir por don Felipe. Por un lado tenemos a la gente que está harta de la violencia, de la sangre y de la guerra. ¿Cómo cree usted que se sientan esos miles de hombres y mujeres cuando su líder máximo va y le cuenta chistes a la prensa internacional para que México siga recibiendo adolescentes borrachos? Por el otro, están los enemigos políticos del señor Calderón que lo único que están buscando son pretextos para terminar de desprestigiarlo. ¿Cómo quiere usted que reaccionen ante una puntada como la de los “shots” de tequila después de haberlo acusado de alcohólico? ¡Cómo! No, pero espérese, todavía falta lo mejor. Imagínese usted la cara de los súper-capos del crimen organizado cuando el enemigo que los pretende detener, declara públicamente que no le gusta anunciar la muerte de nadie y se pone a jugar con el nombre de Los Zetas llamándolos equis y yes. ¿Cómo quiere que lo respeten? ¿Cómo quiere infundirles miedo? ¿Cómo se supone que les va a ganar? No sé usted, pero yo jamás he visto un chiste en una narcomanta, jamás he visto un sketch en una narcofosa ni jamás he percibido la más mínima noción de comedia en las comunicaciones de esos señores. ¿Por qué, entonces, no tenemos que reír con el presidente? Ahora, si la intención de don Felipe cuando dijo lo de los “shots” era vender a México, pues qué pésimo vendedor. Ningún agente de ventas que se respete se burla de su producto para ofrecérselo a otro. Ningún vendedor o vendedora que haya tomado el curso uno de mercadotecnia básica hace el ridículo en público mofándose de la gente que está detrás del servicio que está promoviendo. ¿Entonces? Mire, hay muchas que me preocupan de este fenómeno pero lo que más me molesta es que, por poco menos que la quinta parte de esto, en el sexenio pasado, la opinión pública se le echaba encima a Vicente Fox. ¿Qué tiene Felipe Calderón que no tenía Vicente Fox? ¿Por qué a don Vicente no lo parábamos de atacar y al señor Calderón, en cambio, entre más chistoso se pone, más parece que no nos importa? ¿Realmente no nos importa, estamos cansados o ya, de plano, nos vale? ¿A usted le vale? A mí, no. Claro que no.

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