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¿Y LA JUSTICIA EN EL CASO ABC?

OJO POR OJO POR ÁLVARO CUEVA ¿Y LA JUSTICIA EN EL CASO ABC? Vamos a decirnos la verdad: a nuestras autoridades no les interesan los niños de la Guardería ABC. ¡Ah, pero no fueran las elecciones porque entonces sí estarían trabajando! ¿Por qué le digo todo esto? No, no es porque los niños que sobrevivieron no estén recibiendo atención en algún nivel o porque nadie, absolutamente nadie, esté bajo el ojo de la ley. Es por esta insoportable sensación de que jamás se terminará de hacer justicia y de que a los niños que murieron, a los que resultaron heridos y a sus familiares le va a ir como a los muertos, los heridos y los familiares de mil y un conflictos. No es posible que a dos años de distancia nadie haya dado la cara, que la carrera política de ninguna persona se haya visto medianamente afectada y que a ni un solo hombre o mujer podamos llamar culpable. No es posible que una parte de los niños afectados estén recibiendo cierto tipo de atención y otros, otra, ni que existan las sospechas de que ese incendio fue provocado y que nadie se esté moviendo en ese sentido. No es posible que esas pobres familias sigan sufriendo sin que nadie les otorgue la indemnización millonaria que se les otorgaría en cualquier otra parte del mundo. No es posible que una historia de terror tan macabra siga sin sensibilizar a nuestra clase política, que unas autoridades le pasen la bolita a otras mientras hacen tiempo para terminar sus períodos ni que esto se esté diluyendo desde la perspectiva gubernamental mientras la sociedad sigue haciendo marchas. No es posible que otros casos, los de la gente rica y poderosa, se resuelvan en poco tiempo mientras que éste, de gente común y corriente, se paralicen por años y que sólo se medio muevan en vísperas de algún aniversario. No es posible tanto dolor, tanta rabia. ¡No es posible! El caso de los niños de la Guardería ABC es una historia que va más allá de lo que sucedió en Sonora, que lleva muchísimo tiempo indignando a propios y extraños, y que se tiene que resolver ya. Obviamente hay 49 niños muertos que jamás volverán a la vida y cientos de personas cuya existencia nunca volverá a ser la misma, pero alguien tiene que pagar y tiene que pagar con algo más que con su trabajo. Alguien tiene que ayudar a los afectados, y los tiene que ayudar con mucho más que servicios médicos de por vida. Los tiene que compensar. Sí, dije compensar, y aunque no existe una cantidad de dinero que compense la pérdida de un hijo, alguien les tiene que dar una suma que le duela a los que siguen pensando que ser servidor público es únicamente calentar una silla por equis número de años. Es muy molesto que mientras esas familias siguen batallando para reponerse, nuestros políticos, incluso los políticos que estuvieron involucrados con este caso, vivan como reyes. Da coraje ver el sufrimiento de esos niños, de esos padres y de sus hermanitos y ver, en otro lado, la euforia de los partidos ante las elecciones y lo que podría ocurrir en 2012. Es una ofensa monumental porque esto jamás debió haber ocurrido, porque esto se tuvo que haber resuelto de inmediato, porque ya sabemos lo que va a pasar. Lo mismo que pasó con el incendio del Lobohombo, con el caso News Divine y con cientos de noticias similares que usted y yo hemos consumido en los últimos años: nada. ¿Cuánto a que los años pasan y a que jamás veremos a un culpable? ¿Cuánto a que al rato harán películas, series y más libros sobre esto, y que ni así veremos rodar la cabeza de ningún político importante? ¿Cuánto a que soltaremos globos, organizaremos marchas y que al final todo se convertirá en una rutina más del calendario periodístico de todos los años? No sé a usted pero a mí esta noticia me duele demasiado. No puedo evitar cerrar los ojos e imaginarme ese infierno, a esos niños, y pensar que le pudo haber pasado a alguien de mi familia. ¿Qué necesitamos que ocurra para que esto se resuelva? ¿Que súbitamente se descubra que alguno de los niños muertos era hijo del presidente, del gobernador o de algún empresario? Pues endílguenselos porque, finalmente, esos niños eran hijos de todo México. Lo que se quemó ahí no fueron sus cuerpos, fue nuestro marco de injusticias y desigualdades. Fuimos nosotros. ¡Ah! pero no fueran elecciones porque entonces sí trabajarían y con mucha velocidad. ¿O me equivoco?

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