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CHAPITAS ERUVIEL

OJO POR OJO POR ÁLVARO CUEVA CHAPITAS ERUVIEL El 8 de junio estuve fuera de la ciudad, en Guadalajara, y pasó algo muy extraño. En algún momento de la noche me empezaron a caer cualquier cantidad de mensajes preguntándome si estaba viendo “el debate”. Si no eran directos a mi celular eran por Twitter o por Facebook. Yo la verdad, dije: ¡Bueno! ¿Qué estará pasando? ¿A quién están matando? ¿Qué clase de propuestas están haciendo? Y que me meto. ¡No’mbre! Me quise convulsionar de la rabia. Todo ese escándalo era por las chapas de Eruviel Ávila, el candidato del PRI a la gobernatura del Estado de México. Que si eran naturales, que si qué exageración, que si estaban mal maquilladas, que si vamos a reírnos de él, que si vamos a aprovechar para hacerlo garras. ¿Y el debate? ¿A dónde se fue el debate? ¿Qué pasó con las ideas? ¿Qué pasó con los contrastes? ¡Nada! No pasó nada. ¿Y todo por qué? Porque a la gran masa se le hizo más divertido detenerse en las mejillas del señor Ávila que en lo que pudiera salir de su boca. ¿Se da cuenta de lo que pasó? Es gravísimo y no, no por Eruviel. Por nosotros. ¿Con qué cara nos quejamos de la frivolidad de los políticos si somos los primeros en perder el tiempo con esta clase de tonterías? Todavía no salíamos del circo de Enrique Peña Nieto en Beverly Hills cuando ya estábamos en éste. Y ni modo de decir que fue un truco de cierto partido o de determinada televisora porque no es cierto. Fue nuestra culpa. ¿Cómo queremos tener políticos de primera si nosotros mismos no somos ciudadanos de primera? ¿Cómo queremos que se comprometan a hacer su trabajo, ya no se diga a firmar las reformas estructurales, si nosotros no ponemos la parte que nos corresponde y con comportamientos como ése demostramos que somos los menos interesados en que algo se reforme? Me parece perfecto que las chapas de Eruviel sean motivo de reflexión en los espacios humorísticos de los medios y del cabaret. Se me hace fantástico que los comediantes las retomen, pero no nos equivoquemos. Es bastante delicado que nosotros partamos de eso y sólo de eso para mover a la opinión pública. Con razón Felipe Calderón se burla de nosotros y nos saca lo de los “shots” de tequila. Con razón Ernesto Cordero se ríe de nuestra desgracia y nos ataca con sus ocurrencias. ¡Pues qué queríamos! Amor con amor se paga y si nuestros mayores arrebatos de inteligencia social son carcajearnos de los cachetes de los políticos, tampoco podemos esperar mucho de ellos. Ahora resulta que todos somos especialistas en imagen pública y que sabemos todo sobre comunicación política y maquillaje. ¡Por favor! La próxima vez que le cobren el predial, que un agente de tránsito lo quiera morder, que pida ayuda y no se la den, ahóguese de la risa, por favor, con los cachetitos coloraditos del candidato del PRI al gobierno del Estado de México a ver si le hace gracia. La próxima vez que un pariente se le vaya de este país por falta de oportunidades, que sus hijos se enmarranen tragando porquerías disfrazadas de porciones sanas y que le maten a alguien en la guerra, piense en algún buen chiste. De eso se trata, ¿no?, de divertirnos, de descargar nuestras tensiones, de perder el tiempo mientras nos explotan. Qué decepcionado me siento de lo que está pasando en los medios de comunicación y en las redes sociales de este país. ¿Usted ha visto a algún español que se ría de los cachetes de sus gobernantes en este momento de grandes reclamos? ¿Usted ha oído alguna clase de chiste por parte de los ciudadanos de los países que se están moviendo? No, no se trata de combatir el sentido del humor. Si de algo estamos urgidos es de eso, pero hay lugares y hay momentos. ¿Le digo qué es lo más patético de todo? Que ni despellejando a Eruviel Ávila por el color de sus mejillas se ha conseguido un cambio radical en lo que marcan las encuestas rumbo a las elecciones en el Estado de México. ¿Qué significa esto? Que el resumen no sirvió para nada. Fue como no haberlo tenido. Fue entretenimiento puro. Conclusión: vamos a pedirle a Eruviel que, a la próxima, lleve una peluca rubia, a Bravo Mena que se ponga nariz de payaso y a Encinas que se vista de Santa Claus. Digo, para que sigamos teniendo de qué hablar, para que nos sigamos divirtiendo. Ésa es nuestra política. Ésos somos nosotros. ¡Felicidades!

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