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CRÍTICAS AL “JUGUETÓN”

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA CRÍTICAS AL “JUGUETÓN” Desde hace muchos años que soy un fanático irredento del “Juguetón” de TV Azteca porque a diferencia de otros eventos de responsabilidad social, éste es tangible, transparente y comenzó de la manera más noble que usted se pueda imaginar. Resulta que hace más de 16 años a un joven de nombre Jorge Garralda, se le ocurrió regalarle juguetes a los niños más necesitados como parte de un programa bastante novedoso que llevaba por título “A quien corresponda”. Aquel muchacho ni se quería hacer publicidad, ni quería evadir impuestos, ni soñaba con estar a la moda, ni aspiraba a hacer un negocio, a traficar influencias o algo por el estilo. Lo único que quería era ayudar. Así de simple. Así de hermoso. Y se le hizo. Y no sólo se le hizo, se le hizo tanto que con el paso de los años su concepto se convirtió en punta de lanza, en un modelo a seguir y en un fenómeno social. De 18 mil juguetes, que no son nada despreciables, pasó a 15 millones 752 mil 437 “sonrisas” repartidas en todo el territorio nacional más algunas regiones de Estados Unidos como Los Ángeles, California. Dígame usted si esto no es como para ir y felicitar personalmente al señor Garralda. Dígame usted si ésta no es una de las más maravillosas historias de éxito generadas a lo largo y ancho de la historia de la televisión mexicana. Ayer, a las 12:00 horas, se transmitió el Juguetón de este año y yo no pude menos que emocionarme hasta el tuétano y enorgullecerme porque, aunque usted esté de acuerdo o no con la programación de Azteca 13, ya quisieran en muchas parte de América Latina y del mundo entero contar con una emisión de este tipo. Usted ni se imagina la barbaridad logística que un evento de esta naturaleza implica entre recepción, almacenaje, clasificación y distribución de juguetes. ¿Sabe usted lo que es recibir 15 millones de regalos? ¿Acomodarlos por sexo y edad? ¿Cuidarlos y empaquetarlos? ¿Llevárselos a los niños? A esto súmele toda la parte de la televisión. ¿Cómo traduces esto en imágenes y sonidos? ¿Cómo lo conviertes en noticia cuando a la prensa especializada lo único que le interesa son los pleitos, las cirugías y los escándalos de los famosos? Yo por eso, insisto, respeto “Juguetón” y siento una particular admiración por Jorge Garralda. Además, en esta ocasión, a diferencia de otras, “Juguetón”, el programa, estuvo fabuloso. ¿Por qué? Porque cumplió con su objetivo, porque perfeccionó su estructura y porque mejoró notablemente su producción. ¿Qué significa que cumplió con su objetivo? Que se reunieron y se repartieron, desde horas antes, más de 15 millones de juguetes, y que se consiguió traducirlo al lenguaje de la televisión. ¿A qué me refiero cuando le hablo de que “Juguetón” perfeccionó su estructura? A que antes la transmisión comenzaba con el banderazo y luego se convertía en un “show” de corte popular donde íbamos viendo primero a las estrellas más famosas y luego a las más desconocidas hasta que llegaba el final de la emisión. Esto era un error garrafal porque lo que provocaba era que la gente comenzara a ver el proyecto y que después, a medida que avanzaba, fuera sintiendo flojera hasta abandonarlo por completo. Ahora, en 2011, “Juguetón” comenzó con 43 minutos de verbena popular, luego metió el banderazo y hasta el final nos regaló las actuaciones de los mejores grupos y cantantes. ¿Resultado? La transmisión creció, creció y le dejó muy buenos resultados al programa siguiente. ¡Excelente! Eso se llama estructurar. Eso se llama saber hacer bien las cosas. ¿Qué le quiero decir cuando le comento que “Juguetón” mejoró su producción? A que aquello estuvo lleno de valores que no habíamos visto y a que se perfeccionó todo lo que tuvo que ver con conducción, coordinación, guiones, relaciones públicas con los gobiernos estatales, presencia del público, entradas, salidas y dirección de cámaras. Mauricio Barcelata y Raquel Bigorra hicieron un trabajo estupendo, siempre tuvieron las riendas del evento, le dieron su lugar a la gente que estaba ahí, en la Macroplaza de Veracruz. Nada que ver con lo que habíamos observado en otros años. ¿Pero sabe dónde se notó que aquello realmente se superó? En la dirección de cámaras. Había ritmo, noción de toma abierta contra noción de toma cerrada. Si usted compara esto contra aberraciones visuales donde no vomitamos nomás porque no teníamos nada en el estómago, como la dirección de “La academia bicentenario”, sí se nota que estamos ante algo serio, ante algo bueno. Ni hablemos de la parte dedicada a los banderazos en otros estados de la república o el de Los Ángeles. Todo estuvo bien. Y si a esto le sumamos el impacto de Tobby, Raúl Sandoval, Sonora Dinamita, Toñita, Sonora de América y todas las otras luminarias popular que participaron, ¡guau!, qué bonito Día de Reyes nos pasamos ayer. ¿A poco no?


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