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J.J. SUPERESTRELLA

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA J.J. SUPERESTRELLA Más peligroso que el caso Kalimba, es el caso J.J. ¿Por qué? Por los intereses políticos, mediáticos y deportivos que hay atrás de esta captura. ¿Cómo vio la entrevista con Carlos Loret de Mola? ¿Cómo vio la de Javier Alatorre? A mí ni me sorprende ni me asusta todo lo que está sucediendo alrededor de este caso, lo que sí me tiene con la boca abierta es que los programas de espectáculos y las secciones especializadas en temas de farándula ahora estén tomando al J.J. como tema de discusión. ¡Ya es el colmo del cinismo! ¡La cúspide de la desviación! Aunque haya tenido las novias que haya tenido, el J.J. no canta, no baila, no actúa. ¿Qué caso tiene especular sobre él? Invertir cámaras y micrófonos de espectáculos en un hombre como el J.J. es convertirlo en estrella, volverlo famoso, enseñarle a la gente que el delito, más que algo malo, es un camino seguro hacia el estrellato. ¡Cuidado! Además, estamos hablando de programas y de secciones de espectáculos, no de noticieros de nota roja, de “talk shows” decadentes o de producciones sensacionalistas. ¡Cuántas luminarias de verdad no quisieran la mitad de la promoción que la gente de espectáculos le está dando al J.J.! ¿Qué necesitan hacer para que los entrevisten? ¿Pelearse con un futbolista? ¿Dispararle a los demás en la cabeza? Fíjese dónde comienza la distorsión de los valores. Y que no nos salgan con el cuento de que si no hablan del delincuente de moda se les cae el “rating”. Hay cosas más importantes que eso y para tener “rating” no necesariamente hay que hacerle publicidad a la basura, hay que saber trabajar, hay que saber vender. Perdóneme si le estoy escribiendo de este asunto tan desagradable pero ayer, tan pronto vi a los comentaristas de espectáculos de las revistas matutinas opinando sobre el caso J.J., me fui de espaldas. No basta con vivir en la violencia, en el miedo y con la sangre. Ahora la violencia, el miedo y la sangre son el entretenimiento, la elegancia y el glamour que nos llega a través de los espacios de espectáculos. ¿Se puede caer más bajo? ¡Nomás falta que el J.J. salga con Chabelo! Mejor hablemos de otras cosas como “The big C” que se estrenó el domingo pasado en HBO. Seguramente a usted no le suena y no lo culpo, como aquí ningún actor ha sido acusado de violación, ningún menor de edad ha dado “show” ni ninguna persona se ha agarrado a balazos con otra, han sido muy pocos los periodistas especializados que han levantado la mano, pero es hermosa. Mientras estaba viendo el capítulo uno, lloré, reí y me empecé a llenar como de una energía que activó todos mis sentidos. Fue una experiencia muy especial que me confrontó con mi vida, con mis miedos. Fue algo que me quitó el sueño, que me duró horas, días. Fue una bomba emocional, televisión de primera. Me enamoré de “The big C” y ahora no sólo quiero ver cada uno de sus capítulos, la voy a comprar en DVD, me voy a poner a buscar el póster. Quiero llenarme de ella. “The big C” narra las aventuras de una mujer cuarentona a la que de repente le dicen que le queda poco tiempo de vida y ella, en lugar de tirarse al drama, decide no decirle nada a nadie, recuperar el tiempo perdido y vivir como una desquiciada. ¡No sabe usted qué experiencia tan más bonita! Porque no es el típico melodrama mexicano donde la señora lloraría hasta la deshidratación, pero tampoco es un comedia estúpida. Es un híbrido delicioso entre “Breaking bad” y “Cougar Town”, más una tonelada de cuestiones originales, con enormes actores que usted y yo hemos visto en muchas películas y programas de televisión. Créame que yo no me conmuevo con cualquier cosa y aquí me conmoví, me emocioné y me identifiqué porque no se necesita estar condenado a muerte para entender que entre tantas cochinadas a las que la mayoría de los mexicanos nos enfrentamos día con día, se nos está yendo la vida y ni apreciamos las cosas verdaderamente importantes ni nos preocupamos por los demás. La protagonista de esta historia, sí. Ella quiere dejarle algo a sus alumnos, acercarse a su hermano, recuperar a su hijo. ¡Hasta conocer a sus vecinos, caray! Y se da cuenta de que era más bonita de lo que creía, que le hubiera gustado más jugar y chapotear en el agua que angustiarse e invertir su dinero en cosas caras. Ver “The big C” es un acto de reconciliación con la vida sin cursilerías, sin vulgaridades. Yo creo que esta serie, planteada en capítulos de media hora, va a ser la sucesora de “Weeds”. No por nada es de la misma casa productora. Y está tan bien hecha, tan bien escrita y tan bien actuada que hasta da envidia. Luche por verla todas las semanas. Hoy va a haber repetición de sus primeros dos episodios a las 19:45. Y el domingo, antes de “Big love”, a las 21:30, se estrena el tres. Vale la pena, más si consideramos que aquí el J.J. es lo de hoy.


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