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EL ESCÁNDALO DE “TOP GEAR”

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA EL ESCÁNDALO DE “TOP GEAR” ¡Dios! ¡El mundo se va a acabar! ¡En “Top gear” hablaron mal de los mexicanos! ¡Hay que hacer algo! ¡Exigir una disculpa! ¡Que vaya Calderón y los ponga en su lugar! ¡Caray, qué fenómeno tan más escandaloso! Pero no el de “Top gear” sino el de muchas personas que han reaccionado con auténtica furia por una estupidez que sucedió el domingo pasado en la televisión británica. Es “Top gear”. ¡“Top gear”! No es el sistema de noticias de la BBC de Londres, no es una mesa de análisis conducida por la periodista más importante de Inglaterra. Es un programa ácido, grosero e irreverente, tipo “South Park”, donde cada semana, con el pretexto de los carros, toman a quien se puede para insultarlo y para hacer reír a la gente más o menos como lo hizo Ricky Gervais hace unos cuantos domingos conduciendo los Golden Globes. El domingo pasado nos tocó a los mexicanos como le pudo haber tocado a los japoneses, a los texanos o a los vietnamitas. Es algo que ahí pasa todo el tiempo. ¡Ríase! ¡Para eso está hecho! Como usted sabe, y si no le cuento, sus conductores dijeron, palabras más, palabras menos, que los mexicanos, incluyendo nuestro embajador en el Reino Unido, éramos unos flojos, pedorros, de lo peor. ¿No es hilarante? Escandalizarse por algo como esto es como exigir que metan a la cárcel a Polo Polo por decir groserías. ¡Es Polo Polo! ¡Siempre dice groserías! ¡Ésa es la clave de su éxito! ¡Qué padre que alguien habló de nosotros en “Top gear”! ¡Qué risa! Es como cuando TV Azteca inventa a Ta Chidito para reírse de los coreanos o como cuando Televisa inventa a Rafita para hacer comedia a partir de Nelson Mandela. La diferencia es que lo de México no salió de una revista irreverente sino de varios programas “serios” de deportes. Ahí, con todo respeto, nosotros somos los que salimos perdiendo. Mire, yo todas las semanas me la paso reportando, en diferentes espacios, varias de las cosas más representativas que se dicen de México en la televisión internacional y, créame, la BBC nos ama. Ellos han sacado unos programas maravillosos de ingleses que adoran nuestra comida o que mueren por venirse a vivir a México. A ver, ¿por qué nadie dice nada de eso? ¿Por qué la nota es lo de “Top gear”? Mejor ríase y reflexione. ¿De cuándo a acá nos salió lo dignos a los mexicanos? ¿Por qué nos enojamos tanto con esto y no con otras cosas peores? ¿Por qué antes de fijarnos en el racismo ajeno no nos fijamos en el propio? ¿Por qué? ABUSO DE PODER Hay un tema que no me para de dar vueltas en la cabeza: el final de “Para volver a amar”. ¿Por qué? Porque independientemente de sus cualidades, me dejó pensando en el tema del poder en la industria de las telenovelas mexicanas. Esto es importante porque es algo que se nos va metiendo en el alma a través de esta clase de emisiones, que se supone que son muy cándidas, hasta convertirse en un asunto que cuando llega a niveles superiores ya ni nos sorprende. Lo aceptamos. Punto. Dicho en otras palabras, las telenovelas, consciente o inconscientemente, nos están educando para ver como normal cualquier cantidad de abusos y eso sí es peligroso. ¿O no? ¿Qué fue lo que pasó con “Para volver a amar”? Que terminó con una transmisión especial, dominical, de dos horas, el pasado 30 de enero. ¿Qué tiene esto de malo? Mucho porque a diferencia de otros desenlaces similares como los de “Soy tu dueña” o “Fuego en la sangre” donde sus responsables, a falta de material, rellenaron cualquier cantidad de estupideces de última hora y hasta con numeritos musicales para cumplir con los tiempos pactados, los señores de “Para volver a amar” no dijeron ni la quinta parte de lo que pudieron haber dicho en su despedida. No es que les haya faltado tiempo para decir adiós, es que sus conflictos dramáticos daban, fácilmente, para otros dos meses de transmisiones regulares entre semana. Ni siquiera habían llegado a algo parecido a un punto climático. Es como si la hubieran sacado del aire antes de tiempo, como si la hubieran cortado. ¿Y todo para qué? Para privilegiar el lanzamiento de “Rafaela” como si su producción ya tuviera grabados 100 capítulos de una hora. A pesar de lo bonito que fue ver aquello en domingo, fue un atropello, un desperdicio. Muchas de las historias que se plantearon desde hace meses, no tuvieron, ni siquiera algo parecido a un final. Quedaron a medias. Abiertas. Yo veía aquello y le juro que sufría pero no por la telenovela sino por la desesperación de no haber visto más. Aquí pasó algo muy extraño porque Televisa es experta en alargar sus producciones y en “Para volver a amar” nadie movió ni un solo dedo para que aquello, que era tan bueno, durara un poquito más. ¡Qué mala onda! Sobretodo porque aquí teníamos algo muy hermoso que se pudo haber ido en grande, que nos pudo haber dejado muy satisfechos. ¿A poco no?


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