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DE PENA AJENA

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA DE PENA AJENA Me siento profundamente decepcionado de “El sexo débil”, la nueva telenovela nocturna de Cadenatres, y me duele mucho tener que escribirlo porque en ese proyecto hay mucha gente que quiero, pero la verdad es que esta mal y ni modo de decir mentiras. “El sexo débil” es como uno de esos churros del cine mexicano de principios de los años 70 donde se calentaba al público con un título sensacionalista, muchas escenas de sexo y un falso aire de intelectualidad para no decir que se estaba haciendo pornografía. Todo ahí está lleno de trucos, pero de trucos como para señoras persignadas de 1974. ¿A usted le asusta que una telenovela lleve la palabra sexo en el título, ver a dos homosexuales confesándose su amor o escuchar groserías cada cinco minutos? ¿A usted se le hace muy novedoso poner una escena de sexo entre un hombre y dos mujeres, a un señor platicando de su próstata o retacar la pantalla de monos en calzones? ¡Qué flojera! Por querer dárselas de muy vanguardistas, a los responsables de este proyecto se les olvidó lo más importante: la historia. ¿A quién le puede interesar una historia cuyos protagonistas son puros hombres negativos? Venimos de “XY”, ya descubrimos que sí se pueden contar historias de hombres. ¿Qué pasó aquí? No sé usted pero, a diferencia de lo que me pasó con las protagonistas de “Las Aparicio”, que eran heroicas, yo no me puedo identificar con un pelado de mi edad que está traumado desde los cinco años. Mucho menos con un neurótico despreciable, con un señor que lleva siglos poniéndole el cuerno a su esposa o con un güey que se acuesta hasta con la escoba. Así no somos todos los hombres del siglo XXI y no me quiero ni imaginar la cara de las mujeres mirando semejante espectáculo. ¿Qué clase de aspiración le puede representar esta puesta en pantalla? ¿Qué clase de entretenimiento puede obtener ahí? “El sexo débil” no funciona. Punto. ¿Por qué le estoy escribiendo esto? Porque, en la cúspide de la experimentación, a estos señores se les ocurrió meter a un personaje de “Las Aparicio” (el de Máximo, el fantasma) como parte de la trama. ¿Qué le puedo decir al respeto? Que se ve ridículo. Máximo (Marco Treviño) representaba algo en “Las Aparicio”, venía al caso. Aquí, a menos que mate a los galanes en un enredo tipo “Poltergeist”, está de más. Y lo que más coraje me da es que estos señores, que tanto se quejan de los trucos de otras televisoras, están haciendo lo mismo. ¿Qué diferencia hay entre esta estrategia de repetir un personaje y lo que hicieron en “Cuando me enamoro se detiene el tiempo” con el padre Juan Cristóbal (Arturo Peniche) de “En nombre del amor”? ¿Qué diferencia hay entre este truco y la pavorosa reaparición del personaje de Cuauhtémoc Blanco en “Triunfo del amor”? Qué pena lo que está pasando aquí porque, para acabarla de amolar, este mismo equipo está por estrenar otra telenovela titulada “Bienvenida realidad” (que espero que no sea tan pretenciosa) y ni modo de regresarse a corregir “El sexo débil”, ¿o sí? Mejor cambiemos de tema y aprovechemos que es viernes para ver, a las 21:00, en Universal Channel, un capítulo más de “The cape”. ¿Qué es “The cape”? Una serie de superhéroes tipo “Human target” o “Smallville” que se estrenó la semana pasada y que le tira a ocupar el lugar de “Heroes” hasta en las referencias al mundo de los comics. ¿Es buena? Mire, en esta clase de series siempre hay que dudarle porque arrancan increíble pero, a las pocas semanas, se vuelven repetitivas. Yo, lo que le puedo decir, es que los primeros dos capítulos de una hora, que fueron los que vi, me parecieron estupendos. ¿Por qué? Porque cumplen con todos los requisitos de esta clase de producciones, porque están diseñados tanto para captar la atención de los adultos como para despertar el interés de los niños, y porque son sorprendentemente dinámicos. A diferencia de lo que normalmente pasa cuando uno mira una serie de este tipo, que uno termina con la sensación de que le acaban de contar una historia de un comic, con “The cape” la cosa es diferente. Aquí uno siente que le acaban de contar muchas historias, de muchos comics, como si cada capítulo equivaliera a un tomo completo de una novela gráfica coleccionada a lo largo de varias semanas. “The cape” narra las aventuras de un padre de familia que tuvo que fingir su muerte y hacerse pasar por superhéroe para proteger a su familia. Se llama “The cape” porque todos sus poderes giran en torno al uso de una capa que lo mismo le sirve para golpear y escapar que para confundir al enemigo y protegerse. Por supuesto, hay supervillanos, aliados misteriosos, referencias políticas y mensajes positivos, pero es sólo entretenimiento. Lo malo es que decir esto, justo ahora que las opciones son como “El sexo débil”, implica otro tipo de cuestiones. ¿O me equivoco?


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