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¡A DÓNDE VAMOS A PARAR!

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA ¡A DÓNDE VAMOS A PARAR! Cada vez se nota más la influencia de México en Hollywood. La 83ª entrega del Oscar fue una mezcla de Iniciativa México con Teletón y los Premios TVyNovelas. ¡Qué horror! James Franco no lo hizo mal, lo hizo pésimo, y Anne Hathaway es un encanto pero jamás justificó su contratación como conductora de este evento. Qué tan asquerosa no habrá estado la conducción de estos dos personajes que cada vez que alguien más subía al escenario, daban ganas de que se quedara conduciendo en lugar de ellos. Además, no nos hagamos tontos. Fue una ceremonia desangelada, carente del más elemental suspenso, con pocas celebridades, sin aquellas mega-producciones musicales de antaño y con una ausencia del sentido de la gala como para ponerse a pensar. ¿Por qué? Porque lo que marcaba la diferencia entre el Oscar y cualquier otra premiación era la gala. Para ver a gente equis en fachas, nos tomamos dos cervezas y nos salimos a la calle. ¡Qué pena! Por más que invitaron a las mamás de los nominados, por más que twittearon y por más que metieron niños en camiseta a hacer el ridículo, aquello no lució. Y es triste porque el Oscar es el refugio de miles de personas que todavía sueñan con la pantalla de plata. ¿Qué vamos a hacer si las cosas siguen así? ¡A dónde vamos a parar! La última gran entrega del Oscar que recuerdo fue la que condujo Hugh Jackman. Si el señor ya lo había hecho bien, ¿por qué no lo volvieron a invitar? ¿Por qué esa obsesión por llamar la atención del público joven? El Oscar no es el Kids’ Choice Award. ¡Qué vergüenza! ¿Y las transmisiones? ¿Cómo estuvieron? Mire, hubo de todo para todos. Si usted es una persona exigente que quería ver el Oscar sin comentarios y sin traducción, tuvo a TNT en la opción SAP. Si lo quería comentado y traducido, también TNT fue una excelente alternativa. Si su sueño era verlo comentado y condimentado, tuvo a Azteca 7. Si lo que quería era escuchar a los críticos, lo pudo ver por Proyecto 40. Y en la parte de la alfombra roja y el After Party, E!, como siempre, se llevó la nota. Esto es un logro. Y no, no se confunda, el Oscar, como el Super Bowl, jamás ha sido un programa que genere altos niveles de audiencia. Es una transmisión de nicho. Vale por todo lo que genera a nivel ventas y porque ese nicho es muy valioso, pero nada más. Así que ni pierda su tiempo amarrando navajas con “Teresa”, “Superman regresa”, “Extra normal”, “Un día sin mexicanos” o alguno de los otros estímulos que hubo en la tele el domingo por la noche porque por ahí no va la cosa. No se deje confundir. ¿Qué le puedo decir de E!? Que ahora sí me decepcionó. ¡Pobres traductores! Jamás los rolaron, los tuvieron trabajando desde temprano y hubo momentos en que, de plano, se notaba a leguas que les iba a dar una embolia de la desesperación. Entre que traducían mal, entre que arrastraban la lengua y entre que la transmisión original de E! en Estados Unidos era chafa, aquello dejó mucho que desear. Ya, el After Party era como de los Premios Telehit. Puro borracho peludo diciendo tonterías y preguntando necedades nomás para matar el tiempo. ¡Mal! ¿Cómo estuvo TNT? De lujo. En esta ocasión, en lugar de invitar a Ana María Montero a conducir la alfombra roja, estos señores llevaron a Liza Echeverría y no sabe usted qué buena decisión. Liza robó cámara con su belleza, su inteligencia y su dominio del idioma. Gran aportación. ¿Y qué me dice del equipo de traducción y comentarios integrado por César Cardosa, Sonia Vera y Rafael Sarmiento? ¡Excelente! Y bien coordinados. ¡Felicidades! Azteca 7, por la naturaleza de su transmisión, fue la señal que más se prestó para la polémica y los comentarios de color. Atala Sarmiento fue la juayderito de la noche. Como que su cámara iba atrasada respecto a las otras y más de tres veces fue víctima de esos errores técnicos que hacen que uno se carcajee como estúpido de este lado de la pantalla. Y sólo le pasaba a Atala que, para acabarla de amolar, tenía la responsabilidad, con Ricardo Casares, de las menciones comerciales. Esteban Macías, como siempre, pepenó las entrevistas que pudo en la alfombra roja y el juego se llamó, como en los deportes, vayámosle a México para crear expectativas donde no las hay. Bien por los comentarios de Susana Moscatel, aunque muchos hubiéramos preferido verla destacando más en esa transmisión. ¿Y Proyecto 40? ¿Qué hizo Proyecto 40? Su tradicional transmisión en idioma original con intervenciones breves, en los cortes a comercial, de una mesa de críticos integrada por Silvestre López Portillo, Lucero Solórzano y Joaquín Rodríguez. Evidentemente fue una transmisión del nicho del nicho, pero se dijeron cosas muy sensatas y adoré, con particular devoción, a Lucero Solórzano. ¡Qué mujer tan más inteligente! ¿A poco no? Y porque usted lo pidió, mañana comeremos “Teresa”.


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