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ALONSO LUJAMBIO Y LAS TELENOVELAS

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA ALONSO LUJAMBIO Y LAS TELENOVELAS Uno de los deportes favoritos de la opinión pública mexicana es tomar las frases de color de los políticos, sacarlas de contexto y dárselas a la gente para que las discuta. Siempre aparece un grupo que está a favor, otro que está en contra, se organizan mesas de debate, se piden explicaciones, todo el mundo se enciende. Es muy divertido. Lo triste es que por andar discutiendo tonterías, la opinión pública mexicana raras veces discute algo verdaderamente importante y el resultado es una suerte de distracción perpetua porque aunque la fuente sea política, distracción es distracción. ¿Por qué le estoy comentando esto? Por todo el escandalito que algunos medios le armaron a Alonso Lujambio a raíz de una declaración emitida el jueves pasado. ¿Qué fue lo que sucedió? Don Alonso entregó una especie de premio a una veintena de medios e instituciones por sus supuestas aportaciones al fomento de la educación. Era, para acabar pronto, un evento de relaciones pública. ¿Y qué se dice en los eventos de relaciones públicas? Pues puras cosas bonitas. Como era lógico, el señor Alonso se la pasó elogiando a todo el mundo, desde Notimex hasta el Canal del Congreso, hasta que llegó a Televisa, cuyo representante era el productor Juan Osorio (“Una familia con suerte”). ¿Y qué hizo Alonso Lujambio? Obviamente le dijo cosas preciosas como que las telenovelas eran un gran vehículo para la educación y el combate al analfabetismo. ¡Nunca lo hubiera hecho! Bastó con ésta y con otras dos o tres frases similares para que a la opinión pública mexicana le saliera lo exquisita y lo mandara crucificar. ¿Cómo es posible que nuestro elegantísimo Secretario de Educación Pública elogie las telenovelas? ¡No! Tendía que haber hablado bien de los libros, de los conciertos de música clásica, de la ópera. ¡Oh, qué gran ofensa! ¡Dios! ¡Nuestros políticos son unos ineptos! ¡El mundo se va a acabar! ¿Por qué nadie se fijo en el contexto en el que don Alonso hizo semejantes afirmaciones? ¿Por qué nadie se fijo en que al mismo tiempo que premió a las telenovelas, premió a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas? Porque es muy cómodo hablar mal de las telenovelas. Es un dato que se va directo a las tripas como lo de Kalimba, lo de “Top gear” y lo de “Juayderito”. Lo demás, ¿a quién le importa? No es chistoso, no nos distrae, no nos hace ver superiores. Fíjese qué mal estamos en nuestros consumos de información. Debatir sobre las palabras de Alonso Lujambio es algo totalmente inútil además de que refleja una ignorancia como para que se nos caiga la cara de vergüenza como sociedad. Ni todas las telenovelas son estúpidas ni todos los libros son obras maestras. Atacar a las telenovelas por ser un formato con características específicas es tan barato como discriminar a los fanáticos de la animación japonesa por mirar algo diferente. Y le duela a quien le duela, Juan Osorio es parte del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos. Tiene su credencial, cree en eso porque se educó ahí y promueve eso porque a él le funcionó. ¿Qué tiene de malo que un productor de telenovelas combata el analfabetismo? ¿Es malo porque se trata de un productor de telenovelas? ¿Si fuera un intelectual de izquierda entonces sí estaría bien? ¡Por qué! En lugar de estar atacando a las telenovelas de a gratis, deberíamos estudiarlas a fondo y sacarles provecho como en otras partes del mundo. A lo mejor usted no lo sabe, pero en otros países como Brasil el análisis de los melodramas seriados es algo tan fundamental que se estudia en las universidades. ¡Hasta existe el doctorado en telenovelas! Qué pena que siendo México una potencia telenovelera, sigamos jugando a despreciar al melodrama y más ahora que estamos viviendo un interesantísimo resurgimiento de la telenovela a nivel nacional. Hoy, como nunca en nuestra historia, tenemos tres casas productoras generando contenidos (Televisa, Azteca y Argos) y podemos ver, desde el melodrama más clásico en historia original (“La fuerza del destino”) hasta las más sofisticadas propuestas sociales (“Bienvenida realidad”). Pasando por ejercicios de una complejidad estructural bárbara (“Ni contigo ni sin ti”), por refritos en farsa (“Una familia con suerte”) e incluso por historias donde se habla con pelos y señales del pene, el coito y la homosexualidad (“El sexo débil”). ¿Qué más quieren las buenas conciencias? ¡Qué! Por supuesto, hay cochinadas, pero no nos confundamos. Ya quisieran en otros lugares del mundo una industria telenovelera la mitad de rica que la nuestra. Aquí alguien se quiso pasar de listo y le funcionó. Después de todo, uno de los deportes favoritos de la opinión pública mexicana es tomar las frases de color de los políticos, sacarlas de contexto y dárselas a la gente para que las discuta. ¿A poco no?


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