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CRÍTICA A “BIENES RAÍCES”

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA CRÍTICA A “BIENES RAÍCES” Hace una semana se estrenó la segunda temporada de “Bienes raíces” por Once TV México. ¿Y sabe qué? Está buenísima. Ni yo lo podía creer. ¿Por qué? Porque en México, como somos nuevos en esto de la producción de series de televisión al estilo de los Estados Unidos, todavía no se nos dan muy bien las transiciones entre temporada y temporada. Para empezar, a las grandes cabezas de nuestra industria no les queda claro ni qué es una serie, ni cuánto es una temporada ni cuántos meses o años es prudente esperar para sacar un nuevo paquete de capítulos. Y primero anuncian que van a estrenar en una fecha, luego en otra y por allá, a las quinientas, sueltan sus presupuestos. Mientras tanto, el público ya perdió el interés, a la gente ya se le olvidó la historia, los actores se pusieron a trabajar en otros proyectos y aquello termina siendo un caos sin pies ni cabeza. Por si esto no fuera suficiente, nuestros pobres productores tampoco son muy expertos en hacer series y como no supieron amarrar a sus actores desde un principio, los talentos que no renunciaron porque acabaron hartos durante las grabaciones de la primera temporada, exigen unos aumentos de sueldo monumentales a cambio de regresar a trabajar. Y a ver, ¿quién les va a pagar? Y ni modo de no hacer segunda o tercera temporada sin la estrella protagónica de la serie. A esto súmele, por favor, otros temas igual de delicados. ¿De dónde quieren los productores que salga una nueva temporada si jamás se pusieron a planear con los escritores? En el remoto caso de que no hayan acabado de pleito con ellos, ¿qué es lo que se supone que van a contar? Y ni hablemos de las locaciones. ¿Cómo se puede grabar una nueva temporada de una serie de televisión si no se negoció nada con las locaciones desde un principio? Los edificios que no fueron rentados a otras personas ya fueron remodelados, demolidos o convertidos en algún bonito centro comercial. ¿Y cómo le haces para contar una nueva temporada de una serie sin la casa de los protagonistas, sin la cárcel donde se supone que giraba toda tu historia o sin el hospital donde nos quedamos en el último capítulo? México ha dado un gran paso al meterse al negocio de la producción de series de televisión al estilo de los Estados Unidos, pero todavía nos falta mucho por aprender. Por eso se me hace un milagro que se haya dado el estreno de “Bienes raíces (2)” y que haya estado tan bueno. Y es que aquí no estamos hablando de una casa productora inmensa y poderosa como Televisa. Es Once TV México, una televisora pública que, como televisora pública, maneja unos presupuestos minúsculos y entre grabación y grabación tiene que sacar como 200 directorios telefónicos de puros “memos” pidiendo permisos, licitaciones, partidas presupuestales y vistos buenos en un clima de auténtica grilla, rencor y partidos de oposición. Cuando usted enciende su televisor no se imagina ninguna de estas cosas, pero sí tiene mucho mérito lo que está haciendo el canal del Instituto Politécnico Nacional y más porque, insisto, le está saliendo bien. Sí, yo sé que en esta segunda temporada ya no actúa Gabriela de la Garza (Rebeca) y que por ahí se sienten algunos ajustes de último momento, pero es de no creerse el talento con el que todas estas situaciones fueron resueltas en términos de guión y de producción. Ahora “Bienes raíces” está más fuerte, hay un nuevo personaje protagónico enriqueciendo la trama, entran otros temas como el económico y el de la fertilidad, y se profundiza en situaciones con las que muchas personas se van a sentir identificadas como la relación madre-hija. Como usted sabe, “Bienes raíces” es una serie de televisión que a partir de las aventuras personales y profesionales de dos mujeres (opuestas en edades y en formas de ser) que se dedican a la compra y venta de casas, oficinas, terrenos y departamentos, provocan en nosotros diferentes emociones. De repente suspiramos, luego reflexionamos, al rato nos acordamos de algo que nos pasó y finalmente crecemos. Lo bonito de “Bienes raíces” es que se trata de una serie que nos deja mejor que cuando encendimos la televisión y como su estructura combina una historia que se va desarrollando a lo largo de toda la temporada con pequeñas historias que comienzan y acaban capítulo a capítulo, uno no se siente esclavizado como con una telenovela. A mí me encanta, creo que tuvo un arranque interesantísimo, duro y directo a la cabeza del espectador con el conflicto de la separación de Maricarmen (Fabiana Perzabal) y Víctor (Ari Brickman) y, en resumen, la siento más sólida que otras propuestas nacionales. Trate de verla hoy a las 22:30 por Once TV México. En este país todavía nos falta mucho para dominar el arte de las series, pero “Bienes raíces (2)” comenzó defendiéndose con bastante dignidad. ¿A poco no?


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