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LA TELE POR AQUÍ, ERUVIEL POR ALLÁ

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA LA TELE POR AQUÍ, ERUVIEL POR ALLÁ Por supuesto que están pasando un montón de cosas que se podrían comentar de los noticiarios, especialmente ahora que Eruviel Ávila va por el PRI al Estado de México. Y ni hablemos de todo lo que podríamos decir del alucinante mundo de las telenovelas mexicanas, de las series, de las caricaturas o los “talk shows”. Aquí hay material no para una columna, para varios libros. ¿Pero qué pasa con los otros programas? La televisión está llena de pequeñas grandes emisiones. Algunas excelentes. Otras, asquerosas. Vamos a comentarlas. ¿O qué, le vamos a seguir el juego de la publicidad a Cuauhtémoc Blanco, a Raquel Bigorra y a Laura Bozzo? Comencemos por un concepto que para mí ha sido una revelación a nivel emocional: “Pitbulls y convictos”. ¿Qué es? Un “reality show” sobre las aventuras de un albergue que se dedica al rescate de perros pitbulls y que es atendido por puras personas que han estado en la cárcel. ¿Dónde pasa? En Animal Planet. ¿Qué tiene de maravilloso? ¿Por qué le digo que para mi ha sido una revelación a nivel emocional? Porque el contraste entre las historias de amor, supervivencia y dolor de esos perros y de esos seres humanos mueve sentimientos muy profundos. A lo mejor usted no lo sabe, pero los pitbulls son algo así como los perros malditos. Casi nadie los quiere nada más por ser pitbulls. Se supone que son malos, agresivos, asesinos. Buenos, exactamente esto que condena a esos perros es lo mismo que condena a las personas que estuvieron en la cárcel. Nadie los quiere, nadie los apoya, están solos. “Pitbulls y convictos” es uno de los programas más desgarradores, hermosos y positivos que usted puede ver en este momento en pantalla. Búsquelo. Le juro que lo va a adorar y que le va a cambiar la perspectiva de muchas cosas. Y es que la televisión sí es capaz de cambiarle la vida a la gente. ¿No me cree? Entonces busque las repeticiones de “Discovery me salvó la vida” de Discovery Channel. Es un programa con las historias reales de personas comunes y corrientes que, después de haber aprendido algo en ese importante canal de televisión de paga, lo aplicaron en cosas que les pasaron y les fue tan buen que hasta salieron vivos de peligros inimaginables. ¿Cuándo será el día en que podamos decir que alguien aprendió algo así mirando la televisión mexicana? ¡Cuándo! Lo que sí tenemos mucho en las pantallas nacionales son producciones que se esfuerzan por ofrecer contenidos diferentes como “El letrero” de Conaculta Canal 22. ¿Lo ha visto? Es un gran programa sobre literatura y es grande por su producción, por la cantidad de contenidos que vemos en cada uno de sus capítulos, por la calidad de sus invitados y por el espíritu de su productor (Nicolás Alvarado) y de sus conductores (Diego Rabasa y José Ramón Ruisánchez). “El letrero” es un juguete monumental que rompe con la idea de que los amantes de la literatura no pueden divertirse como los conductores de la televisión comercial. De repente vemos una animaciones tipo “Imaginantes”, de ahí pasamos a unas dramatizaciones exquisitas con la participación de espléndidos actores del cine y el teatro, luego vemos una entrevista y la creación de una obra que puede ser o una pintura o un rap. Estamos ante un esfuerzo súper valioso que vale la pena sintonizar como “Sabor de acá” de Efekto TV. “Sabor de acá” es un programa de cocina pero que no tiene nada que ver con ningún programa de cocina que usted pueda ver tanto en México como en el extranjero. De lo que se trata es de ver a una chava muy joven, simpática y hasta candorosa recorriendo puestos de antojitos a lo largo y ancho de todo el país. Y se va con la señora que vende elotes en un tianguis de Puebla, luego con el señor que vende molotes en una esquina de Cholula, al rato con la familia que hace cemitas en un mercado de otro lado. Es distinto, suculento, popular, bonito, promueve el turismo, la gastronomía, la cultura; una inmensa aportación de Efekto TV que si se exporta, será un cañonazo. Ahora, tampoco vaya usted a pensar que hablar de los pequeños grandes programas de la televisión tiene que ser una experiencia excluyente de lo que se hace en las grandes cadenas nacionales. Azteca 7 tiene una joya al aire: “Difícil de creer”. Adoro este concepto conducido por Sergio Sepúlveda porque es un programa de contenidos, pero un programa de contenidos divertidos, bien investigado, con un conductor entrañable, una producción de primer nivel, un ejemplo para el resto de la televisión. Y ya tiene cuatro años al aire. ¡Cuatro años! Y sigue igual de ameno como el primer día. No cansa, no se repite. Véalo. Luego nos amargamos con lo que está pasando en algunos noticiarios, en las telenovelas, las series y los “talk shows”. Hoy hay que iniciar bien la semana y qué mejor que hacerlo con otra clase de contenidos. ¿A poco no?


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