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CRÍTICA A “EMPERATRIZ”

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA CRÍTICA A “EMPERATRIZ” La gran pregunta no es si estuvo bien o estuvo mal el estreno de “Emperatriz”, el nuevo melodrama seriado de Azteca 13. La pregunta es: ¿vale la pena hablar de esto? Lo pregunto en serio. ¿A alguien le interesa? ¿A alguien le afecta? No sé usted pero yo no me imagino a los productores de “Una familia con suerte” y “Triunfo del amor” de Televisa temblando de pánico ante la posibilidad de que “Emperatriz” les vaya a robar a su auditorio. No me imagino a la opinión pública volcada ante este lanzamiento para utilizarlo como referencia en las próximas elecciones o como pretexto para discutir los grandes temas nacionales. No me imagino nada. Qué “lindos” los señores de Azteca que han promovido este debut en todos sus programas y en todos sus canales como si se tratara de una emergencia atómica pero, antes, se hubieran puesto a meditar un poco mejor las cosas. ¿Es “Emperatriz” el tipo de telenovela que México estaba esperando? ¿Qué ofrece que no ofrezcan los melodramas seriados de Televisa, Telemundo y Argos-Cadenatres? ¿Está a la altura de lo que Azteca 13 nos presentó en el pasado? ¿Es mejor que “Mirada de mujer”? ¿Es mejor que “Cuando seas mía”? A mí, la verdad, “Emperatriz” me dejó en shock. Tiene toda la lana del mundo, pero está muy mal. Comencemos con lo más delicado: su identidad. “Emperatriz” no parece una telenovela mexicana, parece una telenovela de Miami, pero del Miami de los años 90, cuando los productores latinos de los Estados Unidos todavía no le agarraban la onda a este negocio. Su pareja protagónica no tiene nada que ver con México. Ni Gabriela Spanic ni Bernie Paz son mexicanos, ni hablan como mexicanos ni parecen mexicanos. ¡Qué horrible! Hay más mexicanos en los papeles estelares de “La reina del sur”, que es una telenovela gringa, que en “Emperatriz” que se supone que es una telenovela mexicana. Pero los problemas de identidad de “Emperatriz” no se concretan a su mexicanidad. Aquello no se ve como si fuera una telenovela de Azteca, parece un serial hecho con las sobras de Televisa y es que, no nos hagamos tontos, Gabriela Spanic no es Lucero. Si Azteca Novelas se la hubiera robado a Televisa en 1998, después del cañonazo de “La usurpadora”, la llegada de Gaby a Azteca 13 hubiera sido un notición. Contratarla ahora, cuando en San Ángel nomás le daban puros papeles secundarios y cuando medio México se la comió viva por su pésima actuación en “Soy tu dueña”, no es como para echar las campanas al vuelo. Al contrario, es como un acto de desesperación, un insulto para la gente que lleva años trabajando en la televisora del Ajusco, un problema. ¿Qué es “Emperatriz”? Una historia viejísima de la televisión venezolana. ¿De qué trata? Madre e hija que se disputan el amor del mismo hombre. ¿Es buena? Hubiera estado buena si la hubieran adaptado, pero como que sus escritores la respetaron demasiado y dejaron muchos vicios de la televisión de antes. El resultado se ve viejo, no hay conexión emocional, nada se justifica, no se entiende. Se supone que a la humilde Emperatriz (Gabriela Spanic) la engañó el millonario Armando (Omar Fierro) y tanto la engañó que hasta le robó a su hija. Deje usted que jamás entendimos cómo fue que un potentado como Armando se fijó en Emperatriz, ¿por qué diablos si Armando le hizo tanto daño, Emperatriz se volvió a acostar con él y se volvió a embarazar? Es estúpida, ¿o qué? Quiero pensar que entendí mal porque el capítulo uno de esta telenovela estuvo demasiado enredado, pero una protagonista así no merece el más mínimo respeto. Al contrario, qué bueno que le vaya mal, qué bueno que le robaron a su hija, qué bueno que la encerraron en la cárcel. ¡Que sufra! ¡Péguenle! ¿Sabe cuál es la bronca con “Emperatriz”? No, no es ni de actores, ni de escritores, ni de directores ni de productores. Ahí hay gente talentosa, creativa, con experiencia, exitosa, profesional. La bronca son los altibajos. Hay unas escenas muy bien escritas coexistiendo con otras escritas con las patas. Hay unas secuencias dirigidas con un rigor admirable al lado de otras en las que se nota que cada actor se dirigió solo. Como que hay muchas manos en esta producción, como que todas opinan, como que todas hacen y al final aquello no es ni de uno ni de otro, no tiene estilo, no cuenta nada, no funciona. ¿Qué va a pasar aquí? Lo que pasa siempre con los melodramas de la televisora del Ajusco. En dos semanas le van a mover a la historia. En cuatro, van a meter a otros actores. En seis, la van a volver a cambiar. En ocho, le van a meter violencia. Y en diez, aquello va a estar tan avanzado que lo van a dejar al aire porque a sus responsables les saldría más caro cancelarlo que sostenerlo. La gran pregunta no es si estuvo bien o estuvo mal el estreno de “Emperatriz”. La pregunta es: ¿vale la pena hablar de esto?


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