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LA BODA Y LA TV

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA LA BODA Y LA TV ¡Qué semana! Jamás terminaría de escribirle de todos los programas especiales que se hicieron antes de las coberturas especiales de anoche por la boda del príncipe William y Kate Middleton. Y como si esto no fuera suficiente, en cuestión de días Televisa despertó de su letargo y se puso a producir un montón de cosas sobre la beatificación de Juan Pablo II. ¿Qué es lo más importante de todo lo que hemos visto en los últimos días? Por un lado, los fenómenos de amor y odio que han despertado los casos del príncipe William, Kate y Juan Pablo II, más los grandes negocios que los gobiernos, las religiones y los medios han hecho alrededor de estos personajes. Sí amerita un análisis muy profundo la capacidad que tenemos los seres humanos para poner nuestra atención en determinados personajes en tiempos de crisis y la traducción de esto a dinero. Sí amerita que lo revisemos, que aprendamos y que lo apliquemos porque si de algo estamos urgidos los mexicanos es de historias que capten nuestra atención, de historias que se traduzcan en dinero. Pero hay un punto que a mí me interesa que se mencione: la participación de las televisoras nacionales antes, durante y después de estos eventos. Hablemos del antes. Mire, yo sé que a lo mejor usted está muy decepcionado de Televisa por culpa de porquerías como “Laura” o de Azteca por cochinadas como “Extranormal”. Pero cuando ambas empresas quieren, elevan su nivel y hasta pueden llegar a competir como hemos visto con lo que produjeron en días pasados sobre la boda real y la beatificación de Juan Pablo II. Yo quisiera saber cuántas industrias mediáticas de cuántos países latinoamericanos pueden presumir de haber hecho tantos y tan buenos programas sobre estas dos noticias. Sí, no todos han sido perfectos y algunos nos han dado material para críticas muy severas, pero al menos los hemos tenido. No todos los países de nuestra región del continente pueden presumir de algo así. Esto significa que la televisión mexicana sigue siendo parte de los grandes acontecimientos mundiales, que seguimos vigentes, que no nos hemos quedado tan atrás como de repente pudiéramos llegar a pensar. Nuestra televisión, cuando se lo propone, es fuerte y poderosa. Lo que a usted y a mí nos corresponde es que siga siempre así, que no nos condene a un mar de refritos y producciones chatarra. ¿Y de todo lo que se hizo hasta ayer, qué sería lo más importante? Definitivamente “Las noticias por Adela”, “Hechos con Javier Alatorre” y “El noticiero con Joaquín López-Dóriga”. ¿Por qué? Porque estos, que son los tres noticiarios más vistos de México, se pulieron en sus coberturas especiales y se mudaron al extranjero para traernos lo mejor de Inglaterra y de Ciudad del Vaticano. Dese cuenta de lo que le estoy diciendo: no tenemos noticiarios de rancho, no nada más tenemos uno que sea muy poderoso. Tenemos tres. ¡Y muy diferentes! Hablemos de “Las noticias por Adela”. ¿Qué pasó ahí? Que desde que comenzó la semana Adela Micha y su equipo se fueron a hacer la mitad de su servicio informativo a Londres y no sabe usted qué maravilla. Independientemente de la frescura de doña Adela y de la manera como nos regaló un noticiario que fue y vino por diferentes rincones de la ciudad, fue el único espacio mexicano que se preocupó porque entendiéramos la boda real como algo más que una nota de sociales. Ella, y sólo ella, nos explicó el enlace del príncipe William y Kate Middleton desde una perspectiva política, económica, cultural y diplomática. ¡Cómo se movió! ¡Y cómo nos ofreció exclusivas! ¡Gracias! ¿Y “Hechos”? ¿Qué hizo Javier Alatorre? Un excelente trabajo de transmisión en vivo desde Inglaterra con muchas notas de color realizadas por el mismo señor Alatorre sumadas a los reportajes de Ana María Lomelí. Al igual que en el caso de “Las noticias por Adela”, la primera mitad de “Hechos” era desde Londres y la segunda, desde México con un suplente, pero también fue un gran trabajo. ¿Qué le puedo decir de “El noticiero con Joaquín López-Dóriga”? Que aquí la historia fue diferente, que la transmisión se hizo en vivo desde El Vaticano con el acento puesto en lo de Juan Pablo II y el resultado fue glorioso. El único periodista mexicano que podía y puede pararse en la Santa Sede para realizar un retrato exacto del caso de Karol Wojtyla es Joaquín López-Dóriga por todo lo que hizo con y por ese personaje. Y como la nota daba para más, un poco después, el miércoles, en lugar de “Tercer grado”, López-Dóriga y Valentina Alazraki nos presentaron lo que desde ahora se puede considerar el mejor programa previo sobre la beatificación de Juan Pablo II. Con producción internacional, exclusivas y, sobretodo, con dos grandes conocedores de esta historia. ¿A usted no le gustó? A mí me encantó. Es un documento histórico. Hasta lo compraría en DVD.


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