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CRÍTICA A “EL EQUIPO”

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA CRÍTICA A “EL EQUIPO” ¡Me quiero volver chango! ¡Qué cosa tan más enferma está pasando en la televisión abierta de nuestro país! Se estrenó “El equipo”. ¿Qué es? Un bonito infomercial dramatizado de la Policía Federal producido por Pedro Torres que desde el lunes pasado se transmite de lunes a viernes en el horario más importante de XEW-TV, justo antes de “El noticiero con Joaquín López-Dóriga”. ¿Y? ¿Qué tiene esto de enfermo? ¡Todo! Para empezar, se necesita ser muy insensible para sacar al aire semejante documento al día siguiente de la mega-marcha encabezada por el poeta Javier Sicilia. Es como si Televisa le estuviera respondiendo a los que fueron a marchar, como si se hubiera convertido en un brazo del discurso que se aventó la semana pasada Felipe Calderón. Es una bronquísima. ¿Qué le hubiera costado a El Canal de las Estrellas esperarse un poquito? ¿Qué le hubiera costado a Televisa canalizar ese material a otra de sus muchísimas señales como ha pasado con otros tantos títulos de producción propia? ¿Por qué en ese horario? ¿Por qué con tanta publicidad? Por si esto no fuera suficiente para echar a volar la imaginación, como ahí vienen las elecciones en puntos estratégicos de nuestro país y como hasta el día de hoy los partidos no se pueden mover abiertamente, la lectura de esta mención política-comercial se agrava. ¿Quién pagó la producción de este programa de televisión que no se ve precisamente muy barato si lo comparamos con otras series nacionales? ¿Cuál es su objetivo? ¿Que conozcamos el lado humano de los agentes de la policía federal? ¿Como para qué? ¿Quién le dio permiso a las decenas de policías federales que aparecen en segundo plano, en este proyecto, para estar ahí en lugar de estar haciendo su trabajo? ¿O qué, ahora resulta que usted y yo les pagamos con nuestro impuestos para que posen mientras las estrellas de Televisa corren, se besan o juegan a portar pistolas? Y si no son policías, que nos lo digan porque alguien les debió haber enseñado a esos actores a manejar helicópteros, alguien los debió haber capacitado que se movieran como se mueven. ¿Y así va a cambiar la percepción que tenemos de ellos? ¿Así de fácil? ¿Así de lindo? No, pero espérese, el estreno de “El equipo” (¡Qué nombre tan más espantoso!) no es una cosa enferma nada más por lo que le acabo de mencionar. ¿A usted no se le hace medianamente incongruente que este título esté saliendo de la misma producción que semana a semana nos regala una serie tan delicada como “Mujeres asesinas”? ¿A usted no se le hace demasiada casualidad que esto se transmita justo cuando el gran éxito de la televisión mexicana es “La reina del sur”, una telenovela que cuenta exactamente lo contrario? ¡Es como para volverse loco! ¿Me creería si le dijera que la música que esta gente usa para ilustrar las escenas gloriosas de “El equipo” es la misma que utilizan para exaltar los asesinatos de “Mujeres asesinas”? Estamos ante uno de los productos más delicados que jamás se hayan hecho en la historia de la televisión de este país. “El equipo” es, para nuestras autoridades, lo que “El triunfo de la voluntad” para Hitler, un insufrible mamotreto ideológico que habla muy mal del momento histórico por el que estamos pasando. Es una serie tan obvia, que ofende. En “El equipo”, por ejemplo, los policías federales son guapos, atléticos, sensibles, viven de lujo, utilizan los mejores aparatos para trabajar y hasta tienen buen gusto para vestir. Los delincuentes, en cambio, son feos, negros (¿Así o más racistas?) o están panzones, no tienen sentimientos, viven en unos departamentos todos asquerosos (llenos de humo) y visten del nabo. Y ni hablemos de su inteligencia. Los criminales de esta joya del mal gusto son unos estúpidos profesionales. La policía les toma fotos cuando quiere, les graba sus conversaciones telefónicas y los captura con una facilidad que ni Jack Bauer de “24”. Todo es tan, pero tan básico en “El equipo” que, a diferencia de otros ejercicios similares de otras televisoras de otras partes del mundo, aquí jamás se siente algo medianamente parecido al suspenso. No hay suspenso ni literario ni cinematográfico. Está escrita como “Lucho en familia” y puesta en pantalla como videohome de rancho de los años 80. En el capítulo uno, por ejemplo, hubo una escena dizque climática donde todo el mundo sacó sus pistolas que no sólo no generó la más mínima emoción en el público, no provocó nada ni en los personajes que se supone que estaban arriesgando su vida. Cualquier escena de acción que usted tome de “Triunfo del amor” es más sofisticada en términos de dirección de escena que “El equipo”. ¡Qué vergüenza! ¡Me quiero volver chango! Qué tan mal no estará este concepto que, a su lado, “Guía de padres TV” del sexenio de Vicente Fox era una cátedra de buen gusto y discreción. ¿A poco no?


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