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¡A QUIÉN QUEREMOS ENGAÑAR!

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA ¡A QUIÉN QUEREMOS ENGAÑAR! Oprah por aquí, Oprah por allá. ¡Cuánto escándalo! Yo quisiera saber si todas esas personas que se están rasgando las vestiduras por el final de “The Oprah Winfrey Show” alguna vez le dedicaron algún comentario. Yo quisiera saber si alguna vez les interesó. Aquí está pasando exactamente lo mismo que con “Two and a half men”. Ahora resulta que la vida de Charlie Sheen siempre había sido prioridad para esta nación y que no nos habíamos dado cuenta. ¡A quién queremos engañar! A falta de notas, buena parte de nuestra bendita prensa de espectáculos se está colgando de la de Estados Unidos y está convirtiendo en noticia situaciones totalmente ajenas a la realidad de este país. ¿Por qué? Primero, por una serie de prejuicios que no podemos permitir. Aunque usted no lo crea, en muchos medios piensan que todo lo que se hace en materia de entretenimiento en México es malo o naco, y como es malo y naco, y ellos no, como ellos sí son muy buenos y muy finos, entonces las noticias tienen que ser las de Estados Unidos y no las que se generen en territorio nacional. ¿A usted no se le hace espantoso? A mí se me hace delicadísimo. Segundo, un alto porcentaje de nuestros periodistas de espectáculos ya ni miran espectáculos, ni buscan notas, ni las investigan ni nada. Lo único que hacen es aplastarse en sus escritorios, encender la computadora y esperar a que todo les llegue en automático por internet y las redes sociales. ¿Y qué es lo que reciben como novedad? Obviamente lo que le preocupa al mercado de entretenimiento más grande del mundo, al de Estados Unidos. Esto que le estoy diciendo es un problema monumental porque, en la mayoría de los casos, ni a usted ni a mí nos interesa, ni nos afecta, lo que suceda en los teatros, los cines o en las televisoras locales de otros rincones del mundo. Además, se trata de un fenómeno ideológico que alimenta el clasismo, el racismo, el malinchismo y muchas cuestiones tremendas. Es una bronca que habla muy mal de las nuevas camadas de periodistas de espectáculos. Y no sé qué me afecta más, si la avalancha de gente que termina cayendo en estos juegos y que sufre, realmente sufre, por temas como el futuro de Charlie Sheen, o el de las estrellas y empresarios nacionales. ¿Cómo se sentirán todos esos hombres y mujeres que a diario se parten el lomo grabando una canción, ofreciendo un concierto, montando una obra de teatro, haciendo una película o grabando una telenovela cuando miran los medios y ven que la prensa especializada prefiere hablar del final de temporada de una serie que ni siquiera se ha transmitido en nuestro país en lugar de hablar de ellos? Ni todo lo que nos llega por internet de otras parte del mundo es fundamental, ni todo lo que se genera en México merece ser objeto de nuestro desprecio. ¿Entonces el final de “The Oprah Winfrey Show” no es nota? Claro que lo es pero necesitamos verlo en su justa dimensión. Para empezar, Oprah Winfrey no significa nada para el gran público mexicano. Jamás la vimos en televisión abierta nacional. Jamás nos la tradujeron o nos la doblaron. Jamás la vimos más allá de señales de nicho como la del canal American Network. ¿Dónde está la importancia de que su programa termine? Para el mercado de Estados Unidos es una tragedia porque Oprah es un mujer poderosísima y amadísima, y porque la salida de su “talk show” representa el final de una era. ¿Qué va a pasar con toda esa vinculación entre política, cultura, deportes, economía y espectáculos a partir de la próxima semana? ¿Quién va a llenar el hueco que esa señora les va a dejar? ¿Cómo le va a hacer la industria de la televisión estadounidense para recuperar todo el dinero que va a dejar de recibir? ¿Cómo le va a hacer para recuperar toda la influencia política que va a dejar de ejercer? Nos podemos pasar todo el día hablando de la vida, la obra y las aportaciones de Oprah Winfrey pero la nota, para México, no es ésa. La nota es que mientras que en Estados Unidos los “talk shows” van para abajo, aquí van para arriba y no sólo eso, van para arriba con mutaciones peligrosísimas como “Laura” y “Cosas de la vida”. La noticia es que, mientras que allá, una mujer que surgió de la nada le va a dar un giro a su carrera con su propia corporación de medios, incluyendo su propio canal de televisión, aquí ningún talento puede ir más allá de lo que sus patrones le permitan. La noticia son las diferencias, las diferencias que duelen, y si no me cree, échele un ojo hoy a las 20:00 horas, por American Network, a la segunda parte del especial de despedida de “The Oprah Winfrey Show” que comenzó ayer. Sólo le pido un favor: no la vea como una emergencia nacional, véalo como lo que es, una tragedia para la televisión de los Estados Unidos, un necesarísimo tema de reflexión para nosotros. ¿A poco no?


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