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EL PREOCUPANTE FINAL DE “EL EQUIPO”

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA EL PREOCUPANTE FINAL DE “EL EQUIPO” El viernes acabó “El equipo” y, por supuesto, lo tenemos que comentar. ¿Por qué si hay como 60 temas para discutir el día de hoy? Porque estamos ante uno de los programas más delicados, nocivos y polémicos de toda la historia de la televisión nacional. ¿Por qué delicado? Porque no estamos hablando de una serie cualquiera. Estamos hablando de un infomercial de la Policía Federal con todo lo que esto implica en términos políticos, económicos y sociales. ¿Por qué nocivo? Porque yo no creo que “El equipo” haya contribuido a mejorar la percepción que usted y yo tenemos de nuestros policías federales. Al contrario, considerando el momento, la forma en que se fueron presentando las cosas y el escándalo que se generó, estoy convencido de que ahora hay más gente odiando a estos señores que antes. ¿Sabe usted lo que esto significa para un país en guerra como el nuestro? ¿Se da cuenta de lo espantoso que es esto para los pocos o muchos policías que genuinamente están dando su vida en la lucha contra el crimen organizado? Por último, ¿por qué le digo que “El equipo” es un proyecto polémico? Aquí no necesito profundizar mucho. Con esta producción de Pedro Torres, como pocas veces en los últimos años, hasta las mesas de análisis que se dedicar a revisar otra clase de cuestiones le entraron al debate. Y en ninguno, lea usted con atención, en ninguno de los debates que se organizaron, “El equipo” salió victorioso. Fue un error, un error monumental. ¿En qué acabó? En nada. Primero vimos la conclusiones de las historias sentimentales con un patético periodista al que una policía le dice que no cuando le propone matrimonio. Después miramos un operativo de lo más menso para detener a un tipo gordo que se suponía era algo así como el capo de capos. Y al final nos chutamos un segundo operativo, plagiado de una película de Tarantino, en donde nuestras maravillosos policías matan a un superlíder del crimen organizado y dos de ellos aprovechan para hacerse pasar por muertos para continuar con la lucha. Por eso le digo que esto no terminó en nada. A final de cuentas, “El equipo” no era la historia de los delincuentes sino la de los policías, y esos pobres terminaron en lo mismo. ¡Gracias! ¿Qué podemos comentar de esto? Para empezar, que los responsables de esta serie no le despistaron ni tantito en su enfoque de infomercial. Si en verdad les hubiera interesado entretenernos, en el mejor estilo de las series policíacas de Estados Unidos o de Europa, nos hubieran dejado ver la resolución de sus conflictos. No sólo no vimos la balacera que se supone se dio en los últimos minutos del capítulo 15, ni siquiera se preocuparon por dejarnos ver el momento en que la mujer policía le devolvía el anillo al periodista. ¡Ah, pero eso sí! El periodista, enamorado, enamorado, pero a la siguiente secuencia reconoció que, más importante que su amor, era la lucha contra el narco y que lo único que lo consolaba era saber que la policía iba a sacar de circulación a los dos capos a los que se enfrentaron. ¿Así o más ideológico? Una vez más, les secuencias de acción fueron de un básico ofensivo. ¿Sabe usted como fue que capturaron al gordo? Timbrando en su casa. De veras, una policía timbró en la puerta del domicilio de este narco y su achichincle, en lugar de preguntar quién era, abrió la puerta como si nada. Dígame usted, por favor, qué persona en este país le abre la puerta a cualquiera sin hacer ni una sola pregunta. ¡Y luego los narcos! Ya parece que los jefes del crimen organizado van a responderle a la primera muchacha que les timbre en su domicilio. Mire, me podría pasar todo el día haciéndole garras el final de “El equipo” desde mil y un perspectivas, ¿pero le digo la verdad?, no tiene caso. Ellos, los que la hicieron, saben que estuvo mal. Lo saben. A mí lo que me preocupa es que se hayan salido con la suya (a pesar de lo que se dijo en muchas partes, “El equipo” se transmitió completa y no le fue nada mal de “rating”) y lo que este grupo de gente irresponsable dijo de nuestra policía federal. ¿A qué me refiero con esto? A que si hiciéramos un análisis minucioso de este concepto, concluiríamos que más que campaña de apoyo, presenciamos una campaña de desprestigio para una de las instituciones más emproblemadas de nuestro país. “El equipo” pintó a nuestros policías como un puñado de personas poco profesionales que no respetan ni sus propios protocolos, que toman decisiones de manera impulsiva y a las que no les importa desencadenar uno o varios derramamientos de sangre con tal de salirse con la suya. En resumen, esta serie no funcionó ni a nivel entretenimiento ni a nivel campaña propagandística. ¿Y para eso la hicieron? ¿Y para eso ocuparon tantos recursos? ¿Y para eso distrajeron a tantas instancias? No, pues qué gusto haberlos visto. ¡Felicidades!


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