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¡QUÉ FINAL!

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA ¡QUÉ FINAL! No, a mí no me interesa “Pequeños gigantes”, me interesa “Ópera prima en movimiento”. Para pederastas, ya tenemos muchos problemas en este país. En cambio, ¿quién apoya las artes? ¿Quién le da su verdadero valor al talento? ¿Quién está haciendo algo por los jóvenes? Pocos, muy pocos canales, entre ellos Conaculta Canal 22. ¿Qué es “Ópera prima en movimiento”? Algo así como la temporada dos de “Ópera prima”, un “reality show” dedicado a buscar a los nuevos talentos de las artes en México. La primera edición de “Ópera prima” estuvo dedicada a cantantes de ópera. Ésta, a bailarines de ballet. No sabe usted qué experiencia tan hermosa. Por primera vez en la historia de la televisión mexicana pudimos apreciar el ballet a profundidad y aprender qué es, cómo es y todo lo que implica. Gran trabajo de divulgación artística, gran trabajo de entretenimiento y gran trabajo de televisión porque “Ópera prima en movimiento” no le pide nada a los mejores “reality shows” del mundo. Realmente es un motivo de orgullo que en México se hagan esta clase de programas y que Canal 22 confirme su vocación cultural a través de estas producciones. Como le he escrito en otras ocasiones, levantar un proyecto como éste es un milagro considerando los presupuestos de la televisión pública nacional y todos los hilos que se tienen que mover en ese mar de burocracia, obstáculos e intereses que es el gobierno. Por si esto fuera poco, en contraste con la mayoría de los “reality shows” musicales que se producen en México, aquí lo que importa es el talento, sólo el talento, hacer las cosas bien. ¿Me creería si le dijera que “Ópera prima en movimiento” es un programa tan honesto y tan confiable que sus resultados están avalados por un interventor de la Secretaría de Gobernación? Aquí no hay nada de que “las reglas cambian”, nadie supo de dónde salió ese voto secreto ni a nadie le consta si se juntaron las llamadas que se dijeron. Todo está certificado. Es profesional. Ojalá que esto no se detenga aquí, que Conaculta Canal 22 nos haga más “Óperas primas” de más cosas y que otras televisoras, tanto públicas y privadas, se pongan las pilas para realizar algo de ese tamaño. México necesita esta clase de televisión que, además, es divertida, emocionante. ¿O qué, a usted no se le fue el aire con la bailarina que se cayó? ¿Usted no se conmovió con las manifestaciones de amor de los familiares del chico de Guatemala? ¿Usted no se quedó con la boca abierta con la propuesta de matrimonio gay que le hicieron a uno de los participantes? Qué gran programa, pero también, qué gran espectáculo. ¡Felicidades! ¿Qué le puedo decir de la final? Puras cosas maravillosas. Para empezar, fue en el teatro de Bellas Artes. ¿Sabe usted lo que significa para un muchacho común y corriente, para alguien que siempre había soñado con ser bailarín de ballet, presentarse como toda una estrella en el Palacio de Bellas Artes? No, y ni le cuento de la traducción a televisión de esa ceremonia porque una cosa es lo que se vive en el teatro y otra, la que vemos en nuestros monitores. Enrique Stauss y Claudia D’Agostino, los productores de esta joya, en verdad supieron convertir aquello en una emisión maravillosa. Qué manera de contar las historias, qué manera de ofrecer las presentaciones, de cuidar las imágenes, los sonidos. Bellas Artes no es un escenario cómodo para la televisión. Estos señores lo volvieron precioso, accesible. ¿Notó la extraordinaria conducción de Sasha Sökol y Tihui Gutiérrez? ¡Fabulosa! Esto se tiene que decir porque en la final de la primera “Ópera prima”, entre los nervios de Claudia Ramírez y algunas presencias francamente sangronas, casi, casi, nos desgracian la fiesta. En este desenlace, en cambio, todo fue bonito, cercano al público, desde una perspectiva popular que en ningún momento dejó de ser sobria ni inteligente. Yo que usted buscaba alguna retransmisión para que se dé cuenta de lo que le estoy hablando porque fue grande, muy grande. ¿Y cómo estuvieron los resultados? El primer lugar lo ganó una chica divina de Guadalajara de nombre Patricia Velázquez con una gracia, exquisita. Simpatía pura. Usted le veía en el escenario y la amaba. ¿Y qué me dice del premio del público? Fue para Yoalli Sousa, una mujer con una energía brutal. No la pierda de vista ni a ella ni al segundo lugar, un artista llamado Damián Zamorano con una capacidad para comunicarse con el cuerpo, fantástica. El tercer lugar fue para Norman Barrios y el cuarto para Nayeli Quiroz. Sí, yo sé que es probable que estos nombres no le digan nada, pero en poco tiempo le van a decir mucho. Apúntelos y atrévase a conocer a cada una de las personas que llegaron a la final de este proyecto que fue mágico, positivo, sensacional. ¿O qué, le interesa más hablar de las porquerías de “Pequeños gigantes”?


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