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¡SE NOS VA! ¡SE NOS VA!

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA ¡SE NOS VA! ¡SE NOS VA! Hoy es un miércoles triste. Esta noche, a las 21:00 horas, por Warner Channel, se va a transmitir el final definitivo de una de las series de televisión más importantes de los últimos años: “Smallville”. Sí, yo sé que “Smallville” ha tenido baches, cambios de reparto y giros contradictorios en su secuencia dramática, pero eso no le quita méritos. Es, por encima de cualquier proyecto, la mejor adaptación jamás hecha de las aventuras del joven Supermán a la gran pantalla chica, un evento que será recordado en los libros de historia, algo que usted no se puede perder. ¿Se acuerda de cómo comenzó todo esto? Era 2001, todavía no pasaba lo de la Torres Gemelas, el tema de los superhéroes estaba más que superado y a nadie, a absolutamente nadie, le interesaba hablar de algo tan barato como Supermán. En eso, ¡Zaz!, que “Smallville” llega al universo de la televisión de paga dejando a más de una persona con la boca abierta. ¿Por qué? Porque no tenía nada que ver ni el hombre de acero, ni con las historietas ni con nada de nada. Era una serie juvenil con bastante amor, como “Dawson’s creek”, pero con personajes de ciencia ficción. El rollo no era ver a Clark Kent quitándose los lentes para volar con su traje azul y su capa roja sino conocer la historia de un chavo común y corriente que tenía todo en su contra y con el que cualquier persona se podía identificar. “Smallville” siempre fue una serie de acción, pero cuando comenzó era particularmente dulce: papá, mamá e hijo más el campo y el pueblo, pero eso sí, con un enemigo. Ese enemigo, Lex Luthor, se convirtió en otro imán poderosísimo para ver este concepto porque adquirió características psicológicas fascinantes. Era un “hit”. A esto súmele un discreto aire de erotismo y un reparto que, en su momento, nos dejó con la boca abierta. ¿Cuántos elogios no le dijimos a Tom Welling? ¿Cuántos aplausos no se llevó Michael Rosenbaum? ¿Cuántas cosas no platicamos del legendario John Schneider? No sé usted pero yo tengo muchos buenos recuerdos de “Smallville”. ¿Se acuerda, por ejemplo, de la primera vez que el protagonista de esta historia voló? ¿No se emocionó? Y pues sí, poco a poco aquello se fue enfrentando a las típicas broncas creativas y de producción de todas las series que duran demasiado y empezó a perder cosas hasta degenerar y convertirse en una verdadera alucinación plagada de superhéroes y situaciones absurdas. Al principio, uno no lo veía mal. Eran las ganas de creer. Pero después, conforme pasaron los años, aquello se volvió insoportable y sólo los fanáticos de corazón lo soportaron hasta el final. Aún así, “Smallville” duró diez temporadas. ¿Qué otra serie de televisión, más o menos de este tipo, conoce usted con un récord similar? “24” no llegó a la década, “Lost” prefirió retirarse antes de traicionarse. Sí estamos ante un caso excepcional, ante uno de esos títulos que le daban certeza a la industria, ante una serie que a pesar de los pesares, queríamos muchos y vamos a extrañar. No le voy a hacer la grosería de contarle lo que va a pasar en el capítulo especial y extralargo de esta noche, pero va a ser mágico y le suplico que lo mire de principio a fin. No todos los días uno se despide de una serie juvenil, de aventuras, romance y superhéroes con diez temporadas al aire. No todos los días uno le dice adiós a un fenómeno como “Smallville”. Aproveche para abonarse a la “Semana del clímax” de Warner Channel, siete días de finales de temporada que, además de “Smallville”, incluyen a “The vampire diaries”, “Supernatural”, “The big bang theory”, “Nikita”, “Fringe”, “Mike & Molly”, “Better with you” y “$#*! My dad says”. Y unas series se van pero otras llegan, aunque tengo una larga lista de proyectos que ameritan comentarios, hay un título que se acaba de estrenar en el canal LIV y que se podría convertir en la serie favorita de México: la segunda temporada de “Parenthood”. ¿En qué me baso para decirle esto? En que es una serie de familia, pero de familia bonita, sin los rollos políticos de “Brothers & sisters” pero sin caer en el mundo de caramelo de las telenovelas de Televisa, algo que a muchas personas les va a dar ganar de ver. “Parenthood” es luminosa. Uno la mira y se divierte, y se identifica, y aprende, y encuentra soluciones. Es el producto ideal para relajarse antes de dormir. A mí me está encantando porque viene mucho al caso con esas cosas que, como sociedad, estamos enfrentando y porque no puedo dejar de reconocer, en su reparto, a viejos “amigos” de series como “Six feet under”, “Gilmore girls”, “Seis grados de separación” y “Gossip girl”. Además, esta segunda temporada viene muy bien y es fácil de entender. Búsquela en la guía electrónica de programación de su sistema de televisión de paga porque estoy seguro de que le va a gustar. De veras que sí.


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