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HASTA NUNCA, “TRIUNFO DEL AMOR”

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA HASTA NUNCA, “TRIUNFO DEL AMOR” Cuando terminé de ver el final de “Triunfo del amor”, el domingo pasado, caí en una profunda depresión nerviosa. ¿Qué le está pasando a la televisión de este país? ¿Qué le estamos dando a las nuevas generaciones? ¿Por qué nadie dice nada? Fue un asco. ¡Un asco! Si me hubiera visto, no lo hubiera creído. Quedé paralizado frente a los monitores durante un largo rato. Muchas ideas pasaron por mi mente, desde la ausencia de autocrítica de los señores de Televisa hasta el patético nivel educativo de nuestra población. Me quería morir, realmente me afectó y se me ocurrió preguntar por Twiteer y Facebook: ¿Qué hace uno después de finales como el de “Triunfo del Amor”? A esa hora de la noche, lo que menos esperaba era que alguien tuviera la disposición para contestarme, pero no, muchas personas lo hicieron y todavía ayer seguía recibiendo mensajes que, literalmente, decían: “Suicidarse”, “dar gracias a Dios”, “llorar”, “olvidar por completo que existió”, “dispararle a los actores”, “vomitar”, “apagar la televisión”, “irme a vivir al extranjero”, “jurar nunca más ver telenovelas” y “mentarles la madre”. Los espectadores de este país no somos tontos. ¿Entonces por que nos ponen estas cochinadas? No me cuesta nada entender por qué funcionan: las programan en el mejor día, en el mejor horario, con toneladas de publicidad y sin nada de competencia. ¿Pero por qué no le echan un poquito de ganas? Sí, yo sé que ciertas casas productoras tienen el éxito garantizado y que, ante esta situación, más vale abaratar costos y neuronas, ¿pero dónde quedan el orgullo y los valores? El final de “triunfo del amor” fue una cátedra de güeva. No había nada parecido a una estructura dramática, a la creación de un suspenso, a la resolución de un conflicto. ¡Nada! Todo fue perder el tiempo mirando a Guillermo García Cantú enseñando las carnes en algo así como la parodia de un símbolo sexual y en jugar a El Coyote y El Correcaminos con los personajes de Pilar Pellicer y Daniela Romo. Que si a Bernarda (Daniela Romo) la matan con veneno, que si la asesinan chamuscándola en su carro, que si la desaparecen haciendo explotar su avioneta (con unos efectos especiales como de “El Chapulín Colorado”). Cómo se nota que lo único bueno de esa telenovela fue Daniela Romo. Sin ella, le juro que aquello hubiera sido la cúspide de las desesperación. En lo que acabó “El privilegio de amar”, ¿verdad? Por eso ya me urge que Carla Estrada regrese a los foros. Alguien le tiene que recordar a esta gente lo que debe ser la televisión ¿Se dio cuenta del retroceso que “Triunfo del amor” significó para la carrera de Mayte Perroni o de lo mal que acabó William Levy después de haber sido el hombre más cotizado de la industria del entretenimiento de nuestro país? Hasta mi adorada Carmen Salinas, ¡caray! No se vale. Esa escena del laguito, en los últimos minutos, fue como para que cada quien imaginara lo que quisiera. Yo pensé que eran aguas negras y que los dos protagonistas juveniles de esta historia terminarían siendo devorados por la materia fecal, que de las profundidades de aquel lago emergería un monstruo que los despedazaría con lujo de violencia. Pensé cualquier cosa, mientras pude pensar, porque experiencias como ésa, definitivamente, afectan el cerebro, son nocivas para la salud. ¿O usted qué opina? ¿En verdad se emocionó mucho con el capítulo final de este refrito? ¿Se sintió satisfecho, como mexicano, de esta aportación a la cultura telenovelera internacional? Piénselo, y mientras lo piensa, quisiera escribirle de otro asunto que, como es de MVS Televisión, haga de cuenta que está vetado de la mayoría de las publicaciones de espectáculos de este país. ¿De qué se trata? Del final de la segunda temporada de “Roomies” que se va a transmitir el próximo jueves a las 21:00 horas por el canal 52MX (y sus populares podcasts en internet). “Roomies” es una serie juvenil excepcional planteada en capítulos de 30 minutos con una manufactura que ya la quisieran en la producciones latinoamericanas de canales internacionales como Fox. La primera temporada fue un crudísimo retrato de cierto tipo de chavo chilango. Algo maravilloso, como para llevarlo a los festivales mundiales y ganar. La segunda, la que está ahorita al aire, fue más allá y nos llevó de la denuncia a los sentimientos, de la comedia al suspenso y de la escatología a la política. Estamos hablando de un cañonazo magníficamente bien escrito y producido que jamás perdió su esencia juvenil. La semana pasada se estrenó la primera parte de su final de temporada y yo me quedé con el ojo cuadrado porque fue como una pequeña gran película de terror. El jueves se va a repetir y después, vendrá el desenlace. No se lo vaya a perder. Aquí nadie se va a querer morir. Aquí, sí veremos algo digno y entrañable. Se lo garantizo.


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