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CRÍTICA A “DOS HOGARES”

EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS POR ÁLVARO CUEVA CRÍTICA A “DOS HOGARES” ¿Qué le puedo comentar de “Dos hogares”, el nuevo lanzamiento nocturno de El Canal de las Estrellas? Cosas muy delicadas. ¿Como cuáles? Como que no estamos ante una telenovela, estamos ante una anécdota de café, como que a los mexicanos ya se nos olvidó contar historias originales y como que se invirtieron los polos entre Televisa y Azteca. ¿Qué le trato de decir cuando le digo que no estamos ante una telenovela? Que cuando cualquier persona se sienta a ver uno de estos espectáculos, lo que espera es encontrarse con una estructura dramática que le permita entretenerse durante meses hasta llegar a una conclusión. La anécdota de “Dos hogares” no es una, son dos, y no dan para mucho. La primera es: chica bonita desilusionada del novio. La segunda, por lo que entendí mirando la pantalla, es: señor con dos hogares. ¿Cuántas semanas le gusta a usted que nos divirtamos con la nena desilusionada? Si sigue desilusionada, es una tonta, y si se le quita la desilusión, también. Y en el caso del señor con dos hogares, ¿cuántos meses le gusta a usted que nos divirtamos con sus aventuras? ¿A dónde cree usted que puedan llegar? Si continúa con su teatrito, es malo. Si no, igual. El germen de “Dos hogares” no es el de la tradicional telenovela sobre bigamia como “Dos mujeres, un camino” donde el acento estaba puesto en el sexo femenino. Ni siquiera es como el de una serie tipo “Big love”, dónde la complejidad de las relaciones daba para varias temporadas. Es como el de una película de hora y media. Se agota rápidamente. Es una trampa. Sus responsables, en unos cuantos días, van a tener que comenzar a parchar hasta que le atinen al rating. ¡Mal! ¿Qué le trato de decir cuando le comento que a los mexicanos ya se nos olvidó contar historias originales? Que el capítulo uno fue una vergüenza a nivel literario. Ni se presentaron todas las situaciones que se tenían que plantear, ni conocimos a los personajes más atractivos de la trama y una buena parte de sus situaciones estuvieron sorprendentemente mal planteadas. Explíqueme usted, por ejemplo, la escena en la que le graban un video cachondo al personaje de Carlos Ponce. ¿Qué ingeniero ecologista, universitario, bueno, enamorado e inteligente cae en una trampa tan chafa ante una chica tan obvia y tan corriente? Entre esa escena y la criticadísima secuencia en donde la villana de “Entre el amor y el deseo” obligaba al personaje de Víctor González a tener sexo con ella, la única diferencia es la escenografía. No y ni hablemos de la reacción de la novia de este chavo cuando le pasan el video en la pantalla de un cine, ni de cómo fue que esa grabación se editó para presentarse después de otra cosa, ni de miles de detalles igual de forzados y de gratuitos. Los televidentes de este país no somos tontos. Por favor, no nos traten así. Y es que la gran bronca de esta producción de Emilio Larrosa (“Muchachitas”) son las pretensiones. Si nos van a dar una telenovela populachera, perfecto, se las compramos como hemos comprado muchas de este tipo anteriormente y seremos capaces de soportar cualquier cantidad de incongruencias con tal de pasar un buen rato entre personajes bellos y buenos comediantes. Si nos van a dar un melodrama de altura, excelente, nos lo chutamos y esperaremos las más clásicas situaciones en una producción espectacular cargada de aspectos que nos recrearán la pupila y el oído. Pero no nos pueden venir a ofrecer un melodrama de altura combinado con telenovela populachera porque no nos vamos a creer ni una cosa ni la otra. Nos vamos a intoxicar. Estos señores van a tener que elegir y quedarse con una de estas dos vertientes, sólo con una, tal y como les pasó con “El premio mayor” cuando eliminaron a los personajes de Sasha y Sergio Goyri. ¿Se acuerda? ¿Por qué le digo que se invirtieron los polos entre Televisa y Azteca? Porque por increíble que parezca, Azteca 13, a esa hora, tiene una espléndida telenovela melodramática llamada “Cielo rojo” en el más perfecto estilo de Televisa. Y Televisa, que debería ser la mamá de los pollitos, , haga de cuenta que está experimentando, cosa que antes sólo veíamos en las producciones de Azteca. ¿A usted no se le hace demencial? ¿Entonces “Dos hogares” es pésima? No, tiene un reparto bastante bueno, Anahí está en su mejor momento como mujer, el retrato que se está armando de la capital del país es fabuloso y siempre es grato que nos pongan animalitos en la tele (la protagonista es veterinaria). Pero zapatero a tus zapatos. Si Emilio Larrosa ya nos había conquistado y reconquistado con un estilo claro y definido, ¿por qué traicionarlo? ¿Por qué no profundizar más en él? ¿Se imagina lo que este genio de la televisión hubiera podido haber hecho si hubiera regresado a lo que nos ofreció en “Hasta que el dinero nos separe”? ¿Se imagina?


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